La amenaza rusa sobre Europa va intensificándose con incursiones de drones, sabotajes e incendios provocados. El kremlin está poniendo a prueba la respuesta europea. Putin está dejando claro que Occidente y sus falsos valores están en decadencia. Putin habla desde la Rusia de Putin y no desde el país de los rusos como B. Yeltsin o M. Gorbachov hablaban y defendían el eje horizontal de la política, pero para Putin ese sistema era caótico e instituyó de nuevo el eje vertical al estilo Stalin, que se hizo popular por las matanzas perpetradas. Putin no puede estar sometido a otra persona y pensó que si no acababa con el poder el poder acabaría con él. Ya había descubierto que el servicio secreto tenía sus ventajas y ningún inconveniente. Despejó la mente y fijó una mirada vacía de piedad en unos oligarcas que no le contaban la verdad y se cansó de ellos. Decidió escribir su propia historia con máximas como: “Lo que haga tiene que parecer fuerte para hacerme más fuerte”. Y colocó la red para ver quién actuaba al margen de sus argumentos e infundió miedo y controló, como buen contraespía, todas las riquezas de sus oligarcas incluidas las del país. Para él solo contaban las relaciones de poder, las de su poder y organizó los juegos de verano de Sochi y se atrevió a dar un discurso, él que nunca había hablado en público.
En cierta ocasión dijo que, si su enemigo estaba cagando, atacaría sus váteres, frase que le dio autoridad y popularidad ante la Duma estatal y ante el pueblo ruso. Pero su inteligencia no le salvaba de su estupidez y sin reglas y sin límites que respetar, se fue a la ONU y allí lo recibieron como a un don nadie, este ofreció a cambio una rama de olivo, pero no una bandera blanca. Putin es quien es al miedo y con su poder vertical le fue fácil convertirse en zar. Acababa de ponerle los grilletes a Rusia aliándose con comunistas, con hooligans, con fanáticos religiosos ortodoxos, con sociópatas, con la extrema derecha y la extrema izquierda y con los lobos moteros que por lo visto no eran depredadores sino los guardianes del bosque. Con todo eso acrecentó su capacidad de infundir miedo y mientras decía servir a los intereses del pueblo ruso, inventó conspiraciones en una prisión del tamaño de su país, esa era la Rusia de Putin cuando se fijó en la subversión de la plaza Maidán de Kiev. A los jóvenes tuvo que ofrecerles por vía urgente una causa y un enemigo y a las mentes occidentales, las influyó con una internet en la que caló la idea de que Rusia decía siempre la verdad.
Estos son los tiempos que nos ha tocado vivir y en los que todo ocurre por algo. Los hombres y mujeres rusas no querían oír y no se atrevían a decir, era como mirarse en el espejo y no verse. El caos en Rusia se volvió más atractivo que el orden y después lo extendió a la UE donde se anexionó Crimea para crear el caos con los hombrecillos verdes (No mandó tropas regulares al ser Ucrania un país soberano) El mensaje era recurrir a cualquier cosa que le hiciera parecer fuerte. Continuó con el Dombás y después de cinco años sin acabar una guerra que iba a ganar en una semana, se atrevió a incrementar el miedo en la UE. Envió cartas bañadas en polonio para asesinar a disidentes rusos y activistas pro-Ucrania. Putin, fiel a su estilo de espía que todo lo controla, había comenzado una guerra híbrida que puede escalar por alguna decisión deliberada del Kremlin. Tenemos que prepararnos para afrontar este tipo de guerra híbrida.