Grandes ídolos
Una vieja fotografía de principio de los años 70 me ha traído el recuerdo singular de un hombre, un gran boxeador, que llenó muchas páginas con sus resonantes triunfos. Se trata nada menos que de José Legrá. En aquellas fechas, cuando él exhibía en su poder el flamante cinturón de campeón del mundo del peso pluma, visitó nuestra ciudad invitado por un grupo de muy buenos amigos. La foto en cuestión está tomada justo a la entrada del restaurante en el que se le ofreció y recoge el momento en el que el gran campeón y yo —que asistí para entrevistarle— nos saludábamos con un abrazo. Son momentos que no se olvidan por mucho que pase el tiempo, que ha pasado, y mucho.
José Legrá nació en Cuba en 1963 y, con 20 años, se vino a España para poder dedicarse al boxeo. Y así lo hizo. Alcanzó la nacionalidad española en 1966 y, un año después, se proclamó campeón de Europa. Y al siguiente, campeón del mundo. Hasta entonces, el pugilismo español no había tenido nada más que a un campeón mundial, Baltasar Belenguer, conocido popularmente como “Sangchili”, que ganó el título en 1935. La afición al boxeo se multiplicó y, casi al unísono que Legrá, fueron saliendo otros púgiles que también encendieron la llama de la pasión nacional, como Urtain y Pedro Carrasco, curiosamente también nacidos en 1943, como Legrá. El pugilismo creció, saliendo aspirantes y nuevos valores por todos lados. Es lo que pasa cuando en el deporte hay grandes ídolos que emocionen a los aficionados. Hoy, el boxeo en España está en plena decadencia, precisamente por falta de figuras estelares.
Este fenómeno se vive también en nuestra ciudad, en la que —a mí me consta— existe una inmensa afición al boxeo y se ha demostrado en cuanto ha salido alguien que encendiera una pequeña lucecita. Más de una vez les hablé de la gran respuesta que tenían las veladas en la plaza de toros en los años 50 y, después, en los 70, teniendo como escenario la que fue Caseta Sindical e incluso el Pabellón de La Salobreja. Más recientemente, también tuvimos una buena respuesta en torno al púgil Jesús Buendía, hasta que su estela empalideció. Pasa igual con otros deportes. Ya han visto que poca ilusión levantó el reciente Tour de Francia ante la ausencia de ciclistas españoles con posibilidades de triunfo. Pasará tiempo, digo yo, hasta que surja otro Miguel Indurain.