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lunes, 17 junio 2019
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URGENTE
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Luis Salido

Gig economy

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La semana pasada tuve la oportunidad de ofrecer una formación a un nutrido y heterogéneo grupo de jóvenes y menos jóvenes, integrantes de las Lanzaderas de Empleo de diferentes ciudades de nuestra provincia. Personas proactivas que, de forma voluntaria cooperan para mejorar su empleabilidad.

La formación, que por espacio de cuatro horas tuve la fortuna de impartir, tenía por mi parte el objetivo de que sirviera para consolidar alguna de sus capacidades profesionales o bien para aportar alguna herramienta que potenciase el desarrollo de sus habilidades sociales o de sus competencias blandas.

Los objetivos de los asistentes -la mayoría personas desempleadas- aunque diferenciados por su lógica individualidad, tenían un sesgo común: recobrar la ilusión y descubrir todas las competencias que les ayudasen a encontrar trabajo y/o desarrollar su proyecto empresarial.

Son muchos los retos que impone la actual situación del mercado, el más dinámico y cambiante jamás vivido. Por ello, cuando a uno le toca transmitir, a través de sus propias experiencias, cómo la relación con el trabajo está cambiando y además le gusta hacerlo de forma inspiradora, la responsabilidad que se asume es grande. Y lo es, porque no resulta sencillo “convencer” de la importancia que en los últimos años han cobrado la denominada Gig Economy (trabajos puntuales o esporádicos) y los contratos de interinidad o temporales, cuando los propios candidatos son los que perciben que desde las instituciones y estamentos encargados de apoyar las nuevas formas de empleo demandadas tanto por empleadores como por empleados, no se hacen propuestas efectivas ni se dictan leyes que al tiempo que consigan garantizar los derechos sociales y la protección de los trabajadores, consigan alcanzar la flexibilidad demandada.

El problema es como casi siempre de velocidad, o de falta de ella, me explico... actualmente las personas están dispuestas y además con un alto grado de motivación por ello, a trabajar bajo diferentes modalidades de contrato, pero el Estado no se termina de adaptar a esta nueva realidad. Una realidad basada en que la idea de conseguir un trabajo para toda la vida, además de resultar casi una quimera, ya no resulta atractiva. La generación de desempleados más y mejor cualificados de la historia, gustaría de poder encontrar escenarios en los que aportar su valor en forma de conocimientos, habilidades y experiencia al tiempo que se les ponga en valor como empleados con independencia del tipo de relación contractual que mantengan con la empresa.

Fueron 4 enriquecedoras horas, tratando de insuflar el ánimo necesario para conseguir que pasen a la acción y trabajen por convertirse en profesionales con amplias competencias y capacidad de adaptación al cambio. Cambios que llegan en un entorno de mini jobs, de teletrabajo, de contratos por proyectos, de trabajos de fin de semana y de tendencias que valoran al profesional freelance bien cualificado, especializado y con competencias técnicas y transversales. Y no crean que resulta fácil, cuando por el retrovisor y de reojo visualizan un marco regulatorio que se centra en su mayoría en los contratos fijos a tiempo completo, cuando por ejemplo en Francia, segunda mayor economía de Europa, el 60 por ciento de los nuevos contratos de trabajo que se firman son temporales.

Resulta obvio que a la administración le toca meter alguna marcha más y pisar el acelerador a fondo, pero lo que es igual de evidente es que la pelota está también en el tejado de los futuros trabajadores, que deberán adaptarse sin excusas al perfil profesional con las características de movilidad geográfica, de espíritu emprendedor, de conocimiento de idiomas, de manejo de herramientas tecnológicas, de especialización técnica, de valores, de competencias blandas, de marca personal, de red de contactos, con las que poder currar en los trabajos de siempre y en los nuevos trabajos que van apareciendo.

Todos tenemos deberes y muchos. ¿Qué les parece si arrancamos empezando por ser mejores personas?