Hay personas con las que da gusto encontrarse. Después de un café, una conversación o un rato juntos parece que uno vuelve a casa de mejor humor. Otras, por el contrario, tienen la extraña habilidad de dejarnos preocupados o con la moral por los suelos. Ahora las llamamos personas vitamina y personas tóxicas, aunque seguramente han existido toda la vida. La psiquiatra Marian Rojas Estapé ha popularizado el término “persona vitamina” para referirse a quienes nos transmiten confianza, tranquilidad y optimismo. Son esas personas que saben escuchar, se alegran cuando algo nos sale bien y están ahí cuando algo sale mal. No significa que estén todo el día sonriendo o que no tengan problemas. Sencillamente, hacen agradable la convivencia. En “Encuentra tu persona vitamina”, Rojas Estapé habla de la importancia de nuestras relaciones en el bienestar emocional. Las personas que tenemos cerca, para bien o para mal, forman parte importante de nuestra vida. En la otra orilla están las llamadas “personas tóxicas”. El psicólogo argentino Bernardo Stamateas hizo popular el término con su libro “Gente tóxica”. Y aquí encontramos ejemplares para todos los gustos: el agresivo verbal, que necesita gritar para imponerse; el envidioso, al que le molesta el éxito ajeno; el chismoso, pendiente siempre de vidas que no son la suya; el meteculpas, experto en aquello de “con todo lo que yo he hecho por ti...”; el orgulloso, que siempre lleva razón, y el quejoso, para quien la culpa de todo la tienen los demás. ¿Qué hacemos cuando alguno se cruza en nuestro camino? Stamateas aconseja poner límites y aprender a decir no. Y cuando nada funciona, poner tierra de por medio. Eso sí, cuidado con repartir demasiado alegremente la etiqueta de “tóxico”. Todos hemos criticado alguna vez, hemos sentido envidia o hemos tenido días en los que no había quien nos aguantara. Una mala tarde no convierte a nadie en mala persona. A lo mejor, antes de calificar a los demás, deberíamos mirarnos un poco nosotros mismos. No solo importa cómo nos hacen sentir, sino también cómo hacemos sentir a quienes tenemos cerca.