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martes, 16 julio 2019
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URGENTE

Formación continua

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Atónitos, es como un gran número de jaeneros que pasean por el centro de nuestra capital, se quedan al contemplar el cierre de muchos de los establecimientos que han generado actividad comercial durante los últimos años, algunos de ellos iconos emblemáticos del comercio jiennense durante décadas.

Situación que, desde algunas asociaciones y colectivos, se califica de alarmante y que tiene su justificación —como casi todo lo que tiene justificación— en los números. Porque no olviden, amigos lectores, que todo lo que no son cuentas... son cuentos. Y los números que arrojan los estudios recientes de los censos desarrollados por los servicios técnicos de la Asociación de Comerciantes y CCA Las Palmeras, tras realizar un análisis a pie de calle censando todos los establecimientos existentes en las cincuenta y una calles pertenecientes al centro de la ciudad, son preocupantes. Para muestra, la situación descrita en algunas de ellas: Calle Bernabé Soriano que, con un total de 49 establecimientos, 12 se encuentran sin actividad. Calle Maestra, con un total de 31 establecimientos, de los cuales 13 están cerrados. Calle Doctor Eduardo Arroyo, que tiene 36 establecimientos y 10 están cerrados, o calle Doctor Civera (Espartería): 51 establecimientos en total y 21 están cerrados.

Con independencia del uso interesado que se hace en ocasiones de los datos y del sesgo partidista con el que muchas veces se publican, lo que es cierto es que la circunstancia de la mortalidad empresarial en determinados núcleos urbanos consolidados de la geografía española, responde a una cuestión puramente demográfica.

Ha llegado a España lo que algunos llaman el “invierno demográfico” y claro, si nuestro país es en términos estadísticos una nación envejecida, cuánto más Jaén que aparece como territorio escaso de oportunidades reales si analizamos los datos del Instituto Nacional de Estadística en relación al ratio de personas activas, ocupadas o paradas de entre las generaciones X, Z o Millennials. La consecuencia más crítica del envejecimiento de la población jiennense, es la de que pone en riesgo la estabilidad de nuestro estado de bienestar a largo plazo. A corto plazo, más gasto en sanidad y prestaciones sociales y menos ingreso por las cotizaciones a la Seguridad Social.

Y si de algo presumimos los jienenses es de que aquí se vive muy bien y si eso lo ponemos en riesgo... Poco nos va a quedar. Así pues, es lógico pensar que, si la población envejece, envejecen nuestras empresas.

Para evitar que ese deterioro sea la antesala de la defunción en términos empresariales, tan sólo cabe un camino: la formación. Reciclarse es ahora una obligación. Adaptarse al nuevo escenario de consumo, una necesidad.

Y, mientras, esperamos a que desde las diferentes administraciones se desarrollen nuevos modelos de trabajo flexibles y compatibles con la jubilación, así como medidas encaminadas al desarrollo profesional que eviten la obsolescencia de los conocimientos de los profesionales mayores, no nos queda otra que tratar de adelantarnos a ese impacto y tener la iniciativa de seguir formándonos por nuestra cuenta.

Las empresas tenemos la responsabilidad de provocar escenarios que favorezcan la formación continua en conocimientos, habilidades y actitudes directivas de trabajadores y profesionales autónomos para conseguir que desarrollen una visión integral de la organización e incrementen sus competencias de cara al intraemprendimiento en sus empresas y a la empleabilidad en general. Al hacerlo conseguimos de un lado, aprovechar de manera eficiente más años a los profesionales y de otro, ser útiles a la sociedad en su conjunto. En algún momento las administraciones tendrán que reconocer el compromiso y el esfuerzo de estas empresas, que entienden que la transformación de nuestras ciudades comienza por la transformación de sus ciudadanos, y el único camino que ayudará a que dejemos de ver en las calles de nuestra ciudad establecimientos con el cartel de cerrado o se traspasa, es sin duda la formación.