El “Dictamen de la Comisión para el Estudio de la Implantación del Patrón Oro”, salido de la pluma de Antonio Flores de Lemus, es considerado como uno de los más importantes textos de Economía escritos en España durante la primera mitad del siglo XX. Son pocos los trabajos firmados por Flores, pero suyos son numerosos informes y publicaciones anónimos de carácter oficial, cuya colección completa constituiría la mejor historia de la Economía y de la Hacienda Pública españolas de los primeros 36 años del pasado siglo. No hay duda de que estamos ante el más grande de los economistas jiennenses. En esta ocasión no voy a entrar en la profundidad de su pensamiento ni en sus más relevantes aportaciones a nuestra ciencia, sino que solo me detendré en algunos aspectos biográficos del personaje relacionados con su origen jiennense.
Antonio Flores de Lemus (1876-1941) nació en el número 27 de la calle Cerón de Jaén el día 14 de junio de 1876. Hijo de Francisco Flores Suazo, abogado originario de Mojácar —secretario de la Diputación Provincial de Jaén—, y de Francisca de Lemus Garzón, cuyos antecedentes familiares encontramos en Andújar, era desde su más tierna infancia un espléndido estudiante, perteneciente a una familia de la alta burguesía andaluza y con una sólida base económica. A este respecto, Manuel Caballero Venzalá ha señalado que: “Nacido en el casco antiguo de la ciudad y en el seno de una familia de posición desahogada, Flores de Lemus creció en un ambiente de constante asimilación de recios valores humanos y de refinada inquietud intelectual ... El hogar de los Flores de Lemus fue punto de reunión de literatos y poetas, propiciado de forma singular por la madre”. Por su parte, un padre bien situado en la burocracia de nuestra capital, aunque también muy bien relacionado con el mundo intelectual del momento, particularmente con Francisco Giner de los Ríos, así como preocupado y atento a la educación de un hijo brillante, constituyen unas magníficas “mimbres” para la formación de un profesional, investigador, funcionario público e intelectual de la talla de Antonio Flores de Lemus.
En este clima de cultura y marcado acento cristiano, se desarrolló la infancia de Antonio Flores de Lemus. Su formación humanista la consiguió en las aulas del Instituto de Jaén, donde Palma y Camacho, Moreno Castelló y, sobre todo, el catedrático de Lengua Latina José de Cózar Navarrete, fueron para él eficaces sembradores de la inquietud intelectual y del gusto por el mundo clásico que le acompañarían en su vida. Del instituto salió graduado el 7 de junio de 1892. Tras cursar el bachillerato en Jaén, inicia sus estudios superiores en la Universidad Central de Madrid, donde realizó el curso preparatorio y los dos primeros años de la licenciatura de Derecho —la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas no se crea hasta tres años después del fallecimiento de Flores de Lemus—, trasladándose con posterioridad a Granada, en cuya universidad permaneció tan sólo un curso académico (1896-1897), puesto que a sugerencia de Francisco Giner de los Ríos concluirá sus estudios en la Universidad de Oviedo, licenciándose en Derecho el 3 de noviembre de 1898. En el traslado a la Universidad de Granada debieron influir problemas de salud. Por esta razón, en cuanto acaba los exámenes se retira al campo, en la Casería de la Trinidad de Los Villares, a descansar y a restablecerse bajo la atenta y rigurosa vigilancia de su padre. La preocupación por la salud es una constante en estos años de la vida de Flores y, muy particularmente, el miedo a quedarse ciego. Un reflejo de estos temores y de su personalidad puede verse en un párrafo de la misiva que en aquellas fechas le dirige a Giner: “Mi padre me tiene ahora bien vigilado para que no estudie y difícilmente a sus espaldas podré hacer algo. Si continúa así me echará a perder el verano con sentimiento mío, que me veo envejecer —pronto cumpliré 21 años— en la ignorancia más espantosa”. El espacio de esta columna no da para más, por lo que volveremos para completar la biografía de Flores de Lemus en la próxima colaboración.