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Falacia ad hominem

Una pregunta, DonMinistroFerroviario: ¿sabe usted cuántos meses llevo porfiándole lo del AVE a Jaén, y cuántas razones le he dado para convencerlo de que lo juicioso es atrochar por Despeñaperros como claman los manchegos? ¿Y sabe las risillas de “pobretica-ella” que me lanza el vecindario a causa de sus desdenes? ¿Puede saberse a qué viene eso de que alguien como usted, tan ligero en replicarse entre “ganadores”, me ignore a mí como a una mindundi de vagón de tercera? Digo yo que no será por lo del tratamiento ¿no? Porque leerme sé que me lee en ese resumen de prensa que le arriman sus mucamos a pesar de la trabajera que es el que un periódico tan rural de vocación como este Diario JAÉN llegue a los Madriles cuando ni las criaturas logramos llegar cómo y cuándo hay que llegar: en tren, derecho y en hora. El caso es que llega y que usted me lee. Y, si la cosa es así, ¿a qué viene semejante desprecio sobre lo del AVE?

¿No será porque, a lo mejor, no debiera llamarle a usted de usted ni de don, sino de vuecencia, como me enseñé yo a llamar a mi marido, no tanto porque le correspondiera como por el provecho que yo le sacaba al tratamiento cuando tenía que pedirle algo? Que conste que cuando hablo de “pedirle algo” me refiero a cosas de incumbencia material; no a lo otro que usted está pensando y para lo que él, pobretico mío, siempre estaba dispuesto. Si el problema está en el trato, tendré que echar talento para dirigirme a DonUsted, a ver si me toma en consideración.

Volviendo a lo de antes: usted, o vuecencia no se lo creerá, pero hay que hacerse cruces de los dichos que hay por ahí afuera. Con tres palabras de nada montan una novela más larga que la del tal Marcel Proust y su búsqueda del tiempo perdido. Sin ir más lejos, hoy me ha salido al paso un latinajo, un “falacia ad hominen”, que casi me tira de espaldas. Entre toparme con el “falacia ad hominem” y echarme a investigar no han pasado ni dos segundos. Echarme a investigar y acordarme de usted ha sido una misma cosa. Acordarme de usted en mi tarea de indagación y descubrir sus mañas de estratega ha requerido algo más de tiempo. Pero la conclusión no podía ser otra. Vamos a ver: ¿me equivoco, o lo suyo es puritita estrategia a golpe de “falacia ad hominem”? Traducido a la pata la llana: ¿a que lo de usted es embestir al cuerpo de cualquiera que intente torearlo en lugar de derrotar al trapo? ¿A que es eso? Tratando como estoy tratando con alguien tan listísimo como usted, capaz de semejantes destrezas, sé que no se me ofenderá por lo de embestir al cuerpo, sabiendo como sabe usted lo inepta que es una servidora para expresarse. Si lo de expresarme en condiciones se me empina, no vea lo que me cuesta entender lo que leo. Pero de lo que más carezco es hacer entender lo que quiero decir. Por eso no me queda otra que echar mano de los símiles. Y en esto de lo de la “falacia ad hominem” de la que le hablo no encuentro mejor comparación que la de esos toros que derrotan derechos al bulto en lugar de embestir al trapo con la nobleza que de ellos se espera.

Falacias ad hominem hay muchísimas. Personalmente, a mí la que más me irritaba hasta ahora es la del “tú quoque”, que viene a ser algo así como “y tú más”. Pero creo que con usted se le puede sacar mucho juego a semejante falacia. Imagine que nos juntamos los de la Mancha y los de Jaén para manifestarnos delante de su Ministerio arremetiendo al cuerpo con algo como “DonPuente, no frenes, que tiene muchos trenes”. Y va usted y se rebota con un “y vosotros más”. Entonces, para no quedar por mentiroso, va y nos pone los trenes que llevo yo pidiéndole. ¿Cómo lo ve? No se haga el sordo, Don, o la siguiente consigna será: “alerta vuecencia: se nos está acabando la paciencia”. Yo de usted atendería a lo que es un clamor general. Por estas tierras de Jaén a ese rumor se le llama hacer el tábano. Y no vea usted cómo pingan las caballerías cuando un tábano se les sitúa, en plan “falacia ad equum” o “falacia ad rucium”, en sus partes nobles.