Fácilmente

    01 ago 2020 / 12:04 H.
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    Hoy echa a andar el agosto quizá más triste de estos últimos años. Rotos están todavía en nuestra reciente memoria los días extraños que olvidaron su sitio en los meses del almanaque. Roto queda para siempre el reloj que anunciaba el tic tac de nuestra antigua vida, roto el círculo que lo guía, el aura que lo envuelve y rotas sus saetillas. Ha sido un golpe fuerte que ha roto con el tiempo que conocíamos, con la mitad de nuestros sueños y la rutina que nos movía, está todo hecho añicos y muy pocas cosas se mantienen en pie. Así que al calor infernal que acompaña el camino de este nuevo agosto, empecemos primero a comprender que esto aún no ha terminado, que lo perdido va a ser costoso de recuperar y que igual sería bueno aprender de lo vivido. Nunca se nos mostró tan frágil nuestra existencia, ni tan clara su fugacidad. Encumbrados en la cúspide de lo que nos venga en gana, no estaba previsto que nos noquearan tan fácil, tampoco se espera que abramos por fin los ojos mientras besamos la lona. Caídos pues por obligación a los pies de agosto, echamos a andar con mascarilla y la mitad de aire.

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