En los días de difuntos en noviembre nos acordamos más aún de nuestros familiares fallecidos al visitar los cementerios y otra vez renacen brotes otoñales con las primeras hierbas, los sembrados de cereales y vuelve la bulliciosa campaña de aceituna. En la cultura del clicar en internet y la paquetería importada, ¿qué nos aportan nuestros muertos? El anciano Juan nos enseñó cómo unos esquejes verdes de arbusto de romero, metidos en tierra suelta y regada, brotan en días. Mi padre y sus trabajadores cortaron cientos de tacos verdes de ramas de olivos y, enterrados en bolsas de tierra abonada y regada, brotaron con muchas ramitas en primavera; con esos cepellones plantaron parcelas de olivar como antiguamente. Recuperemos ejemplos de saberes y técnicas de nuestros difuntos como se hacía en las labores domésticas, en las escuelas de artes y oficios y hoy en la formación profesional básica, media y superior. ¡Qué jabón azul tan oloroso y limpio hacían las madres con aceite de oliva refrito, y muy económico! No es sólo nostalgia triste por los difuntos sino reconocer su sabiduría popular, muy provechosa en esta cultura de la molicie del clicar.