La larga historia del Real Jaén sólo se entiende desde la épica. Y eso lo explica muy bien aquella emoción contenida con prosa sobria de las crónicas en este periódico del inolvidable maestro Vica. Nada de datos ni de Inteligencia Artificial (ese invento inquietante). Épica. El Real Jaén ha atravesado los océanos embravecidos con la fuerza desesperada de Ulises en “La Odisea”. Casi siempre a contracorriente. Con los elementos en contra. El gran mérito del Jaén no consiste en militar esta temporada en Primera Federación, tras dos ascensos consecutivos, sino en continuar vivo después de tantas batallas imposibles. El equipo de la capital del Santo Reino (prefiero esa denominación a lagarto) ha estado demasiadas veces en la UCI con las constantes vitales casi perdidas, pero siempre dispuesto a salvarse contra pronóstico (como en la temporada 2021-22) para luego lucir músculo en reapariciones colosales. Como la actual.
A principios de los 70 escuché en la grada de Tribuna de La Victoria durante un partido la exclamación de una señora que me causó pavor: “El Jaén es un equipo en vías de desaparición”. Esas palabras conmovieron mi sensibilidad adolescente, pero ahora, ya viejo, recuerdo haber sentido varias veces el miedo, no ya a los descensos, siempre dolorosos, que ha habido muchos, sino al adiós definitivo del Real Jaén. La economía no ha respondido en muchos momentos de la historia del club. A principios de este siglo, por ejemplo, con el suministro eléctrico de La Victoria cortado por impagos (los partidos debían disputarse durante la mañana), y unos taxistas heroicos que desplazaban en sus vehículos a los jugadores de manera gratuita en los viajes del equipo como visitante. Antes, en los 80, un pequeño grupo de aficionados, entre ellos el doctor José Samaniego (ya fallecido), se presentó en las oficinas del club casi en el límite horario con el dinero necesario para salvar al equipo de un descenso administrativo.
La historia del Real Jaén, insisto, no ha consistido en la lucha por mantener determinada categoría, sino en la lucha por la vida. Y para ello ha pisado campos infames contra equipos de nombre remoto, aunque dignísimos, como digna era la fuerza con la que los futbolistas jiennenses enfrentaron aquellos partidos. Pero el Real Jaén está de vuelta y la ilusión futbolística llena la ciudad y la provincia, y también a los que seguimos desde lejos, desde otra capital, al equipo. Cuando el ascenso a Segunda de la temporada 1996-97 se coreó: “Y el Real Jaén en Canal Plus”. Ahora estará también en televisiones nacionales. Jaén necesita sonar fuerte con cualquier argumento. El Real Jaén reaparece después de varias (demasiadas) temporadas en Tercera Federación, una en Segunda (RFEF), en ocasiones con el ascenso muy próximo pero finalmente frustrado, como en aquel último partido de la 2022-23 frente al Juventud de Torremolinos (derrota 1-0): no hubo ascenso pese a que el equipo sumó más de 100 puntos en el campeonato. Pero la épica retornó en junio frente al Atlético Baleares. En pleno sufrimiento, a aquel balón suelto en el área rival, minuto 99, pareció que acudiría a rematarlo Arregui, o Ginesín, o Rueda, pero fue Siverio quien marcó el gol, y después llegó el cabezazo de Carrillo, y todo se impregnó de esa alegría incomprensible pero tan acogedora que proporciona el fútbol. La final de la Champions se disputaba en el Estadio Balear. El ascenso. La épica. Nueva temporada. Ilusión. El Real Jaén, esa pasión infinita.