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Es un genio

Si Salvador Dalí levantara la cabeza, la inclinaría inmediatamente ante el ministro Marlaska por conseguir incluir el miedo y las preocupaciones de los ceutís en la línea del surrealismo subjetivo. Y no es que lo haya hecho de manera subjetiva, no, es que se ha saltado a Breton y a Freud a la torera y al más puro estilo de principios del siglo pasado. La capacidad de transformar el tiempo freudiano del que hacía Gala en sus relojes doblados, queda absolutamente superada por el nuevo concepto que rompe realidades objetivas: la violencia subjetiva que, lógicamente, produce miedo subjetivo. Si alguien no es capaz de ver lo surrealista y revolucionario del asunto, que se dedique a otra cosa menos a la política. Porque a partir de ahora la subida de los precios será subjetiva, el paro será algo subjetivo y, por supuesto, viniendo de quien viene, las infracciones de tráfico serán subjetivas. Claro que sí, las multas también. Cualquier cosa es proclive a caer en esta cesta del surrealismo subjetivo del Siglo XXI. Lo cierto es que capacidad creativa no se le puede negar a la hora de argumentar sus mentiras para que parezcan hechos probados de sentencias de juzgado, como cuando argumenta que nadie, absolutamente nadie le había avisado de que iban a entrar 80.000 personas a Ceuta. Puede que 79.000, pero 80.000 no. El presidente Sánchez ha descubierto a su mejor alumno. Es un genio.