Ya se sabe que por estas tierras nunca ha faltado gente de todo lustre, calaña y postura que, estando en mitad de una conversación o ante el micrófono, se pase tres pueblos y añada a sus mentiras, algún comentario vergonzoso, dañino y tan extremadamente fuera de lugar, que lo único que consigue es un retrato en cueros de su personalidad. Es lo que le ha pasado otra vez al señor Feijóo cuando en una reunión con empresarios y en apenas tres frases, ha derribado de una sola tacada el prestigio de los médicos, las mutuas de seguros y ha llamado vagos y cuentistas a los trabajadores en baja médica. Es a lo que nos tiene acostumbrado Feijóo, que parece haberle cogido el gusto a meter la pata, a la vez que deja sin ropa sus malas intenciones. Otro señor que también disfruta retratándose es don Luis Argüello, el presidente de la Conferencia Episcopal, que ha dejado algunas lindezas como “si un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”, a los que cobran el salario vital los llama “ciudadanos pasivos comprados por las subvenciones” y de los inmigrantes dice “que aprenden antes los derechos que los deberes”. Ante esas palabras, sobran los comentarios.