En un mar de olivos

    24 ago 2022 / 16:00 H.
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    Había amanecido ya, el firmamento azul me miraba sin nubes cuando la mañana susurraba su son de música de trinos. El astro rey surgía sobre los cerros con su fuego amarillo derramando el color sobre la tierra seca. La brisa era algo fresca pasaba musitando su claro tul envolvente, agradable, sin prisas. La ermita se inundaba con la luz que pintaba sus ventanas y a través de los quietos cristales el sol se detenía. La mañana posaba sus huellas entre las viejas piedras que suspiraban al compás de la brisa que pasaba ligera. La paz se derramaba con el dulzor de un surtidor inquieto, sonoro y deleitoso. La calma se extendía desde el camino atávico, desdoblando sus alas pintando con su invisible manto el bello entorno quedo, que llevaba a observar y recrearse en aquel lugar donde el silencio callado lo habían roto los sonorosos trinos. La campana silenciosa callaba sus repiques en la espadaña fiel que la guarda y la vela. La tierra es un jardín de verdes coloridos, los olivos la cubren totalmente, desde lejos, parece que formaran un manto desplegado de bordados bodoques, que adornando su suelo expandiéndose en alturas y llanos, con la belleza alegre que se deja asomar por todas partes, en el lugar de sueños y oraciones.

    Las palabras se callan en los labios musitando un compás de quietas melodías. Hay un dulce sentir de Ave María porque el consuelo ha dejado su aliento en su morada, ha colmado de nardos el corazón que sueña con la paz y la dicha, ha pintado de versos la esperanza que nunca abandona, que nunca desalienta ni huye cundo se vuelven gris las sensaciones. Habla el silencio con su voz silenciosa, como si de un poema se tratara compuesto de sílabas sonoras y calladas entre las leves luces que despiertan cualquier amanecer, cualquier aurora...

    Hay música de que suena entre las viejas piedras del camino, hay sueños que despiertan allí entre los olivos que miran con sus verdes hojas que parecen cansadas, hay un latir de baladas inmóviles como si de la tierra quisieran evadirse y danzar por el quieto camino de la ermita y llegar susurrando buscando bendiciones.

    Allí al amanecer todo se vuelve azul, despiertan los sentidos...

    Soñando, imaginando... en el inmenso mar de los olivos.

    Diario JAÉN
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