En el súper
Impulsado por la extraordinaria campaña de promoción, que están llevando a cabo últimamente en la televisión y en internet, me he presentado, empujando mi carrito de la compra, en las nuevas instalaciones del Gran Supermercado del Mundo. La verdad es que, desde que han cambiado de gerente, la oferta de productos de este inmenso centro comercial global, ha dado un giro significativo, recuperando la distribución de productos relacionados con los combustibles fósiles, y primando el crecimiento de la industria armamentística. Así que cuando al fin he podido aparcar mi vehículo —la afluencia de clientes, últimamente, resulta desmesurada—, y he conseguido acceder al inmenso recinto mercantil, lo que más me ha llamado la atención ha sido la parafernalia publicitaria a base de fuegos y de petardos atronadores promocionando los nuevos lanzamientos del departamento de productos bélicos, cuyo eslogan publicitario: “fulminamos la competencia”, resulta explosivo. Las espectaculares imágenes, en la mejor tradición de Hollywood, que dan la bienvenida a los clientes, presentan secuencias publicitarias rodadas en exóticos parajes del Golfo Pérsico, de Palestina o de Ucrania, con unos efectos demoledores. Hay que reconocer que la sección de artillería, con sus novedades tecnológicas superdestructoras expuestas en las estanterías, tiene una presentación impactante. Sin duda se trata de un sector en expansión, cuyos anaqueles amenazan con invadir el espacio de otros departamentos del centro comercial que se encuentran en franco retroceso y cuya continuidad está incluso amenazada.
Es tanta la demanda de misiles, bombas y demás novedades explosivas, que los dueños del Gran Supermercado del Mundo, para compensar, se han visto obligados a reducir la planta dedicada a la Democracia y a otros productos en declive. De hecho, las estanterías de la sección que antes ocupaban los Derechos Humanos, o el Derecho Internacional, están siendo desmanteladas junto a otros viejos productos de carácter social. Sin ir más lejos, las libertades, por ejemplo, están superrebajadas, en el departamento de saldos, y aun así no tienen apenas demanda.
Y mientras tanto el negocio de la guerra va viento en popa. La cosa está que arde en los rincones más estratégicos del súper. Hay un ambientazo tremendo en toda la sección, y en determinadas zonas, es tal el gentío, que no se puede caminar. Parece ser que hay miles de familias, con sus enseres básicos a cuestas, que se han desplazado de su territorio de toda la vida, a causa de las nuevas ofertas de material bélico. Y la demanda no para de crecer, por lo que las empresas de este sector productivo están de enhorabuena. Esta temporada, sin ir más lejos, los desarrolladores de conflictos están diseñando unos modelos superllamativos que hacen juego con casi todas las ideologías y con cualquiera de los credos mayoritarios y de los patriotismos en boga. Es difícil resistirse a un buen arsenal capaz de combinar, a las mil maravillas, con los colores de la bandera de uno. Sin duda, estos nuevos lanzamientos de material armamentístico están resultando la mar de rentables. Las cifras de negocio han conseguido un margen de beneficios tan alto, que la euforia invade los mercados, y como esto siga así, me da la impresión de que... ¡Lo vamos a pasar, todos... bomba!