Actualizado
domingo, 25 agosto 2019
20:49
h
URGENTE
Imagen jmserranoalba
José Manuel Serrano

El tren que nunca cogimos

Ver comentarios
  • Image

Segunda parada. Una expedición de jiennenses viajaron esta semana al Parlamento andaluz, con machete en mano abrieron camino por carretera y arribaron a la civilización a tiempo. El desfase horario entre nuestros trenes y la vida real de ahí afuera desaconsejaba hacerlo como mandaba la reivindicación a lomos del corcel esquivo de Renfe. Así está la cosa, la reserva de Jaén consiguió que el Parlamento andaluz diera luz verde a una iniciativa del PP para pedir al Gobierno que mantenga la línea del Talgo entre Granada y Madrid. Sí, que recupere una línea que hacía parada en Linares-Baeza. De acuerdo, no es el primer deseo que se nos ocurriría al ver una estrella fugaz, pero tampoco vamos a pedir de primeras poner a un jiennense en órbita lunar. Partido a partido.

Otra vez estamos en el momento Ábalos. Quizá el ministro aproveche el verano para —en lugar de alumbrar un tuit efímero, electoral y posturero— redactar el texto fundacional de las inversiones que hacen falta para poner a esta olvidada Andalucía oriental en el mapa del tesoro. Entonces, no antes, emprenderíamos gustosos una recogida de firmas en “change.org” para convertirlo en el hombre de estado que salvó a Jaén. Sería un comienzo si el texto tuviera un apéndice con las inversiones presupuestadas y con el fielato de la Iglesia, que es una de las pocas instituciones españolas que sabe abrochar acuerdos interesantes con cualquier Gobierno de turno. Gran empresa.

Quizá, y no tengo la testa al sol, el PSOE como depositario histórico de la gracia del voto jiennense decida salir a la palestra y marcar territorio y exigir a cada ministro con poderes primero que venga en tren y, en segundo lugar, un compromiso explícito, so pena de no fumarse la pipa de la paz. ¿Será el arrebato del alcalde de la capital Julio Millán, con la caravana protesta contra el olvido del tren a las Navas de Tolosa, flor de un día o el principio de la reconquista? Desde la atalaya de la Diputación Provincial ¿tendrá el comandante en jefe, Francisco Reyes, preparado un exigente plan de choque inversor para el nuevo Gobierno, con el informe del CES Provincial como si fuera la nueva torá para el pueblo jiennense? ¿Serán capaces nuestros representantes políticos de entonar aquello de que Jaén existe, a pesar de todo, y de hacer rehenes para la causa?

Dejemos las preguntas retóricas, porque estos meses, paradójicamente, enfriarán el asunto y quizá solo estemos asistiendo a la traca final de los fuegos artificiales de una polémica que aprovecha hasta Blabacar para publicitarse.

De nuevo en ruta, Granada-Madrid. Sí, ni principio ni final de nada, pero algo para comenzar el traqueteo reivindicativo. La proposición sumó los votos del PSOE que incorporó una enmienda para adornar la petición con unos extras, se antojaba el paquete con poca enjundia para presentarlo como enganche de futuro para la provincia. Ciertamente el presente no es como para salir por la ventanilla y pregonar las virtudes del acuerdo, pero será un principio para nuestros trenes de segunda. Atrás quedan las decisiones que enterraron vías, paradas, viajeros y borraron del mapa el nudo ferroviario que fue la provincia. La provincia perdió unos 64.000 viajeros solo entre 2008 y 2016. Pero hay quien ve la botella medio llena. El propio PP en el Gobierno acabó con este servicio y colaboró activamente en el desmantelamiento ferroviario de la provincia y, ahora, sin embargo, toca a la carga. Quizá, como clamó el parlamentario de Adelante Andalucía, José Luis Cano, hubo un silencio exigido como el de la Casa de Bernarda Alba para que los populares jiennenses callaran y otorgaran. Fácil de entender entonces que sigamos de riguroso luto, negro como el carbón y penando por los caminos con malos humos. Cuando en otras provincias se “comunican” en 5G, es un decir, nosotros estamos liados con el tamtam y cuando osamos levantar el tono nos dicen que liberarán una partida para cambiar la piel del tambor. Y te quedas estupefacto, o lo que es lo mismo, con el taparrabos en los tobillos. Así no hay quien pueda andar.