Cuéntale al silencio tus secretos. Él es el único que entiende de idiomas, de signos, de bondad y de maldad; de sentimientos y de emociones. Sólo el silencio sabe ponerle nombre a aquello que puede parecer no tenerlo. Respeta tiempos, espacio. Si no le prestas atención puede parecer despreocupado, poco atento, pero es el único que sabe enfrentarse cara a cara al dolor, al sufrimiento; a la verdad, y la calla para evitar enfrentamientos y, aun así, seguimos luchando. El mundo tubo que caer rendido ante él para hacerse escuchar, y seguimos sin entenderlo. Aprender a estar en silencio es encontrarte contigo mismo, y dejar que sea tu alma la que respire, y que tu pensamiento se vuelva invisible. Y esto, no siempre es agradable. No todos los silencios son iguales, a veces cuesta reconocerlos. Si el silencio te provoca miedo, caes en error, preocúpate por el ruido exterior, a ese sí hay que temerle, pudre pensamientos y destroza corazones. Aquel que se preocupa por ti puede oírte aún en silencio. Si es él que te cuenta un secreto a ti, no lo guardes, compártelo y lo entenderás.