Toni Olivares no repite cargo. Es su decisión (supongo). La cuestión va de recambios. El delfín de la alcaldesa tiene cierto rodaje aunque en los meses que quedan deberá hacerse notar a los electores con algo más que estar a la sombra de la anterior (y no me refiero que se invente otra medalla de oro de la ciudad o cosas así para el gusto de unos pocos). Ya, ya, vale lo de una vela a dios y otra al diablo; eso hay que saber hacerlo, no es fácil. Fácil no lo tiene la oposición de las derechas que una cosa es atizarle palos a quien gobierna y otra gobernar. En principio los temas de envergadura de la ciudad que siguen en el alero sin resolver son peliagudos, no fáciles de afrontar con garantías de éxito. Veremos tal vez promesas y palabras sonoras pero huecas de intención y contenido. Ahí los quiero ver. Y no se ven, por ahora, líderes (venga, sí, femeninos también) que llamen la atención o entusiasmen al respetable. Si la Olivares ha tenido tres legislaturas dominadas ha sido por la falta de alternativas (y en todos estos años ya tenían que ser evidentes, tiempo han tenido). Harán encajes de bolillos.