Pasen y vean, pero sobre todo escuchen lo que tienen que decir nuestros payasos. Presten atención y luego mediten respecto de lo escuchado. A poco que analicen las ironías, las grandilocuencias, los insultos y las promesas, descubrirán que no están hablando de nosotros, sino de ellos y de sus cosas de políticos. Oirán alegatos para combatir el fascismo, el comunismo, el capital, el independentismo y la invasión de la patria. En cada actuación repetirán que solo ellos pueden solucionar los problemas por ellos creados y perpetuados. Citarán nombres propios y situaciones concretas, mostrando una sinvergonzonería sin parangón, mientras sus respectivos jefes de pista aguzan a un público previamente escogido. Dirán mil veces Diego donde dijeron digo y ni siquiera se ruborizarán, sabedores de que sus militantes nada van a cuestionar. Sus mamporreros de la prensa asegurarán que cada cópula con sus potenciales votantes sea plenamente satisfactoria. Se dejarán abrazar por gente con miedo que prefiere lo malo conocido a lo malo por conocer. Por la noche, frente al espejo, al desmaquillarse, ninguno de los payasos dejará caer una lágrima. No les importamos. Aun así, anímense, vengan al circo. Estaremos aquí hasta el 29 de noviembre.