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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

El precio de la diversión

Tengo un breve encuentro con mi admirada compañera Paqui, que está próxima a su merecida jubilación después de dedicar la mayor parte de su vida al maravilloso trabajo de educar y enseñar. Una vez hecha la reflexión sobre a qué dedicar el tiempo libre, me acuerdo de Fernando Savater y su filosofía de vida: “El goce de la persona culta.” Una persona culta encuentra la verdadera riqueza en cosas gratuitas: una buena conversación, escuchar música o sentir el placer extraordinario de la lectura. Es una satisfacción muy barata que ayuda a multiplicar nuestra alma. El mundo está lleno de diversiones caras, pero la felicidad real no depende de lo costoso o excepcional, sino de cultivar una mente capaz de comprender, pensar y disfrutar de lo intangible. Contrapone a esta forma de felicidad, lo caro que resulta buscar el entretenimiento en lo externo y el dinero que se necesita, pues es imprescindible comprarlo todo como consecuencia de no saber crear ni producir su propio ocio. Ahora que el verano nos ofrece un merecido descanso, volvamos a invertir nuestro tiempo en vivir a través de los libros las más increíbles historias. Ellos lo enriquecen todo. Siempre serán nuestro increíble tesoro.