Menos mal para los ceutíes que la derecha extrema y la extrema derecha no gobierna en nuestro país, quizás Ceuta ya estaría abandonada a su suerte. Esas derechas son las que no condenan el franquismo y hasta lo reivindican, pero también son las que olvidan deliberadamente que en noviembre de 1975 ese régimen de carácter fascistizado no defendió el Sáhara. Entregó la provincia número 53, Sáhara español, en cuestión de días. Lo mismo que ya hizo con Ifni, provincia española número 51, cuando lo cedió a Marruecos. Esas mismas derechas olvidan que aquel régimen armado hasta los dientes, militarista, beligerante, sin parlamento, oposición o tribunales que lo detuviera no defendió el Sáhara. Y esas mismas derechas son las que celebraban en el año 2002 como la gran gesta nacional la recuperación de un pedrolo deshabitado del tamaño de un campo de fútbol llamado Perejil. Celebraban que habían desalojado a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia. Esas mismas derechas son las que ahora callan cuando es Washington quien precisamente tiene la llave para subir o bajar la escalada de tensión en esa frontera. Esas derechas son las que presumen de su sintonía con Estados Unidos e Israel, pero callan ante las racionales sospechas de que quienes mueven realmente los hilos en esa región son estos dos países, a los cuales les interesa desestabilizar a España y a Europa y que tantas muestras han dado en los últimos tiempos de cinismo e inmoralidad. Esa es exactamente la medida y el valor del patriotismo de la derecha extrema y la extrema derecha en nuestro país. Nos narran la epopeya del pedrolo perejil como si fuera una hazaña grandiosa para la historia de nuestro pueblo cuando no había nadie ni nada que defender. Y cuando lo que está en juego es un territorio con población española y con futuro, como en otras ocasiones anteriores, muestran su entrega y su silencio. Estas derechas tan vehementes en su nacionalismo radical que se autoproclaman patriotas son las que nunca arriman el hombro en beneficio de toda la patria. Lo único a lo que se han dedicado en esta crisis ha sido a echar leña al fuego y avivar las brasas con tal de quemar a un gobierno que no representa lo que ellos consideran la España de bien. Y lo han hecho a sabiendas de que eso rompía la cohesión interna en nuestro país, deterioraba y quebraba nuestra imagen internacional y hasta podía generar más riesgos de perder los territorios de la patria que ellos dicen defender. Por cierto, casualmente, días antes del problema, nuestro Tribunal Supremo dictó que aquellos que sean interceptados en el mar tratando de entrar a nado en Ceuta no se les puede aplicar el “rechazo en frontera”; es decir, la devolución sumaria en caliente, sino el procedimiento ordinario de devolución, que lleva garantías individuales y necesita tiempo para hacerla efectiva, si se hace.
Todos sabemos que la solidaridad de la derecha extrema y la extrema derecha es fingida porque calla ante los muertos del espigón, porque defiende a unos enfrentándolos a otros, porque la única propuesta que ha hecho es cazar al más débil para tranquilizar a los demás y porque se basa en el patriotismo vacío y de hojalata que nos vendió la epopeya del pedrolo. Pero, señores de la izquierda, si han ocupado ese terreno y han inventado y vendido el relato, es porque la izquierda lo dejó vacío. No estaba en manos del gobierno solucionar lo que no tiene solución, pero sí estaba en su mano ser rápido a la hora de atender a la población de Ceuta y a la que entró de forma irregular. No digo que no se haya hecho una gestión administrativa de la emergencia, ha habido muchos recursos, profesionales, protocolos, ministras, se ha ordenado, coordinado, pagado, pero todo no es hacer, sino también estar. Está muy bien atender a las personas, pero otra cosa es estar con ellas. El sistema puede funcionar muy bien, mientras las personas sienten y dicen que están solas. Hay una gran diferencia entre administrar y cuidar. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa o, como han hecho otros ministros, desde Madrid es hacer sin estar.