El espejo

    24 jun 2021 / 10:47 H.
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    De vez en cuando necesitamos mirarnos en el espejo de nuestra generación aunque solo sea para vernos reflejados en otras posibilidades que no llegamos a ser. En estos raros días de vacunación nos está ocurriendo. A mí me citaron a las cuatro y diez, como en la canción de Aute. Cuando llegué a las instalaciones, me puse a la cola de cientos de personas que, aún sin conocerlas, me resultaron afines quizá porque la mayoría podría cantar de memoria aquella canción. Miraba los rostros tapados por mascarillas y pensaba en la suerte de las farmacéuticas que antes de la pandemia eran la tercera fuente de negocio del planeta —tras las armas primero, y el alcohol y el tabaco después— y ahora se situaban en cabeza. Aunque en cierta medida ese desbanque me alegró, también me hizo recordar a la abuela gaditana de mi amiga Elena cuando le decía de niña que no jugara en la plaza Mina, porque la de la farmacia echaba piojos en los árboles para que la gente comprara sus productos antipiojos. Ya dentro del recinto, la cola postapocalíptica de cincuentones fuimos obedeciendo con disciplina militar las consignas que nos llevaron hasta el pinchazo final. Ahora vivo agradecida por ser del primer mundo.



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