El escrupuloso

29 mar 2022 / 16:30 H.
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El placer de cumplir con los compromisos es una virtud. Gastar es una virtud, si el gasto se mira con escrupulosidad. Es fácil que el escrupuloso desconcierte por la exactitud con que examina las cosas que toca. Lo piensa dos veces antes de llevar a cabo una acción determinada y suele crear algunas paradojas con respecto al modo de hacer de la mayoría. A raíz de la fortaleza y solidez de su carácter, el término escrupuloso funciona a la perfección, porque hace las cosas con cautela y es resolutivo al hacerlas. Convierte sus juiciosas pautas de comportamiento en un pensamiento fijo, que arrastra consigo hasta que ultima su propósito. Desarrolla el escrupuloso una destreza y una pericia resistentes a cualquier impacto demoledor que proceda del exterior, puede incluso imaginar supuestas deslealtades de amigos o familiares a causa de su escrupulosidad, pero la realidad es que las acepta, pues lo suyo es imponerse a cualquier desavenencia y bregar contra viento y marea sin tener necesidad de recurrir a esfuerzos adicionales. Puede parecer temeroso, dubitativo, pero posee un temperamento sensible y rocoso, sin aristas, porque no le concede al amago de tentación, ni una muestra de concordia, y al soborno, ni una mínima posibilidad de acercamiento. Trata a la escrupulosidad como un mantra divino; como una táctica defensiva de la que nunca se desprende. Jamás le da por pensar que no van a perdurar en el tiempo sus planteamientos, razón por la cual, procura distanciarse de cualquier tentativa que presuponga fallida de antemano, y en el caso de no conseguir lo que se propone, se comporta de forma natural, tal cual, como él solo sabe hacerlo, hasta que el mal recuerdo, lo abandona para siempre. Le resulta lógico no sentirse vulnerable, su voz interior adopta siempre una actitud que lo anima, aunque los demás puedan verlo como una persona conservadora cuyo ánimo decae ante una amenaza, pero a él, las dificultades nunca le harán cambiar su punto de vista. Le ayuda el convencimiento de que nada de lo que hace lo considera innecesario. El escrupuloso es apreciado en parte, porque parece hecho a imagen y semejanza de quien lo conoce, por eso no supone un peligro inminente para compañeros o vecinos. Se le puede contratar y huelga decir, que no despertará recelos entre el resto de miembros de la empresa, es más, ayudará a crear un clima de confianza y de piña en un grupo que pronto comprenderá por qué el escrupuloso preserva el eco de su instinto no como un riesgo, sino como un reto. Es espontáneo y a la legua se le ve venir, siempre apegado a su escrupulosidad. No es desconfiado pues mantiene una actitud firme de control para que no lo confundan con esos otros que acostumbran a tergiversar la realidad. El escrupuloso es solidario con otros escrupulosos y, entre ellos, no dudan en contarse la verdad, y aceptan de buen grado el lema que los distingue: “Probemos de todo y comparemos, porque siempre estaremos a verlas venir”. Adolece de pretensiones sensibleras, vive su experiencia no como un defecto, sino como una manifestación alegre y positiva de entender la vida a la que nunca da la espalda. Es probable que el escrupuloso no comparta la opinión de quienes afirman que la escrupulosidad no goza de la concreción que los escrupulosos le otorgan a la pauta esencial de su conducta



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