A mediados del siglo XX las regiones menos desarrolladas de nuestro país tenían una situación de pobreza y necesidad extrema debido a que apenas existían industrias y las posibilidades de trabajo en la agricultura y la pesca eran estacionales y mal remuneradas. Esto comenzó a cambiar después de los planes de desarrollo económico y cuando se desarrolló el sector turístico una vez superado el aislamiento internacional impuesto al régimen de Franco. En esas condiciones la única forma de intentar mejorar de vida era la emigración a otras zonas más desarrolladas de España y por supuesto al extranjero. Eso fue lo que sucedió a partir de finales de los años cincuenta, cuando muchos andaluces, extremeños y murcianos emigraron con la esperanza de poder enviar dinero para mantener a sus familias y en caso de que acompañase la suerte, poder llevarlos con ellos a los lugares donde encontraron trabajo. No hay pueblo de nuestra tierra que no tenga una buena parte de sus hijos y descendientes viviendo en Madrid, País Vasco o Cataluña. Como es lógico suponer estos emigrantes se adaptaron a vivir en esas tierras y algunos de ellos progresaron con mucho esfuerzo y trabajo duro y así lograron que sus hijos tuvieran un futuro algo mejor, aunque como consecuencia de ello tuvieron que adaptarse a su nueva situación y poco a poco fueron perdiendo parte de su identidad, aunque siguen teniendo sus antiguas preferencias en fútbol y política. Hablando de fútbol suelen ser seguidores del equipo de sus abuelos y los hay colchoneros, merengues, béticos, sevillistas, periquitos, culés e incluso acérrimos hinchas del Real Jaén, como este que suscribe. En el caso de Cataluña, en cuestiones políticas cambia mucho esta diversidad de opiniones. Aquí si queda el recuerdo familiar y la mayoría son ideológicamente de izquierda y en consecuencia cuando tuvimos democracia votaron al PSC, PSUC e incluso Esquerra.
Esta segunda generación ya apenas conoce la tierra de sus mayores, aunque a veces vuelven a los pueblos de sus ancestros y disfrutan viendo los paisajes y la forma de vida actual que ya no se corresponde con los recuerdos que les contaron sus abuelos. Cuando regresan de ese viaje de vacaciones que siempre es una aventura más que agradable, algunos olvidan sus raíces y vuelven a sentirse sólo catalanes e incluso piensan que les iría mejor si se independizasen de España, o al menos eso es lo que dicen y defienden. Uno de estos ingratos nuevos catalanes, hijo de una familia emigrante de Jaén, se afilió a un partido de izquierda independentista y ha llegado a ser diputado y baranda de su partido en el Congreso, donde desde posiciones de izquierda defiende las tesis más radicales de apoyo a la autodeterminación de Cataluña. Este aprendiz de rufián hace ya bastante tiempo que pulula por Madrid y le ha tomado gusto al asunto de la movida madrileña y demás prebendas derivadas de la envidiable posición que le permite vivir como chota con dos madres, mamando al unísono de la ubre independentista a cuenta del presupuesto de la ubre patria, mientras pega mordiscos a la mano que le da de comer y juega por libre en la cuerda floja de la política nacional donde ahora pretende asentar sus reales.
A algunos potenciales desahuciados y gente que ya no suma se les han puesto los ojos como platos viendo una posible vía para no descarrilar en los próximos comicios. Algo tienen que explorar y en ello se afanan, porque no les queda otra. Al parecer en las mentes ortodoxas de la izquierda catalana, a la que dice representar el diputado advenedizo, no cabe esa derivada en clave nacional y ya está calando el mensaje de que se le va a caer el tinglado a ese botifler charnego de boina capada que pretende asentarse en el gallinero patrio como el gallito que, luciendo plumas ya ajadas y barretina roja a modo de cresta decaída, cacarea ansioso buscando agrupar a su alrededor pollos, gallinas, cluecas, patos e incluso pavas decrépitas. Según él, todo suma en el pajar si se ponen los huevos en su nidal. Mientras tanto la tramoya se cae y cambia un día sí y el otro también. Los actores continúan impertérritos y siguen representando su rol como si no pasara nada. Estaremos atentos al espectáculo que tiene fecha de caducidad, ¿en 2027?