Ay qué verano tan movido!, al descanso que nos dan los temas brumosos judiciales los vienen a sustituir otros que darán para no aburrirnos. Fíjense qué cosas, cualquier apocalíptico no dudaría en afirmar que las señales del final están cerca pues se suceden terremotos tremendos, incendios voraces e incontrolables, volcanes que lanzan sus productos cubriendo de cenizas todo, sequía tras el aparente exceso de lluvias acompañada no obstante por la tormenta y el pedrisco, gentes que se abaten multitudinariamente contra las fronteras y las desbordan, el rayo de la guerra, la hambruna y las plagas que no cesa. Y el eclipse. Los dados a las visiones bíblicas deberían recapacitar sobre el por qué de estos males y no solo interpretarlos como consecuencias de la maldad de los incrédulos, los izquierdosos o los degenerados. Parte de estas calamidades también alcanzan a sus seguidores y fanáticos (¿será por sus hipocresías manifiestas?). El caso es que cada día conocemos alguna mala noticia de este tipo. Pero (siempre hay un pero) el mal mayor sigue ¡porque todavía está Pedro Sánchez en el gobierno!