El botellón

07 dic 2021 / 16:32 H.
Ver comentarios

El botellón es una metáfora comunicativa de la vida que no baja el volumen nunca, es la forma de socializar de jóvenes que, para expresarse oralmente, se juntan con “amiguetes” que frecuentan un mismo lugar. El ritual comienza con la compra de bebidas y algo de droga antes de personarse en el punto de reunión. Horas más tarde y una vez que han bebido y reído e incluso peleado (siempre hay alguna pelea, broncas y acciones agresivas) se marchan a la discoteca donde se pasan hasta la hora de cierre con la copa que se sirve con la entrada. Me cuentan que la policía suele controlar a las personas de poco fiar que frecuentan idéntico lugar. Dicen que toda mentira empieza con una verdad y la verdad es que no hay que ver nada más que los restos de un botellón para darse cuenta de lo que allí se ha escenificado. Los jóvenes se dejan guiar por un misterioso radar estratégico que se mezcla con un problema de seguridad, asociado a un problema social como es el narcotráfico o tráfico de mafias que distribuyen la droga y suelen pugnar por el control de un negocio multimillonario. La sana jovialidad que se respira en un botellón, contrasta con las acciones de aquellos que comprometen la salud y la seguridad de unos jóvenes que creen moverse con libertad cuando la realidad es que el ambiente lúdico en el que se mueven no es fiable, porque está controlado por quienes están apostados esperando el momento de rentabilizar la noche. Las drogas han desestabilizado a muchas familias en particular y su imagen, es una tara para la sociedad, en general. En ciertos lugares, los botellones están entrando en una espiral fuera de control y no lo digo por los jóvenes que ni consumen droga ni sienten la necesidad de degradar o subvertir el orden democrático, me refiero a que, en los últimos años, el problema se ha agravado por el poder omnímodo que están adquiriendo las redes mundiales del narcotráfico. El negocio de la venta de alcohol adulterado y el consumo creciente de todo tipo de drogas, convierte a los botellones en uno de los ambientes idóneos que no piensan soltar por lo rentables que resultan. De los restos de un botellón, se deduce la existencia de clases sociales que se distinguen por el valor de las marcas de bebidas que en ocasiones quedan reducidas a una simple botellita de agua y eso se debe principalmente a que hay jóvenes que les encanta socializar en los botellones, pero no son aficionados a consumir alcohol ni otro tipo de estimulantes (el 10% de los jóvenes es abstemio). El debate está abierto:

¿Deben los botellones generar un riesgo sanitario para la multitud de jóvenes que acuden a disfrutar de un ambiente que no debería coincidir con las malas artes de quienes por su cuenta y riesgo y sin importarle lo más mínimo las consecuencias médicas y sociales de los jóvenes, continúan viviendo de un negocio redondo que ninguna Hacienda controla? El sistema financiero si de verdad quisiera combatir el narcotráfico, no debería darle facilidades al crimen organizado. Es cierto que el botellón es una metáfora de la vida porque de ellos surgen parejas estables, y no es menos cierto que siendo un problema internacional, el consumo de droga habría que erradicarlo de los botellones. Y yo me pregunto: ¿Legalizar ciertas drogas generaría al país más riqueza y menos daños colaterales en la sociedad?



Articulistas