Alguna vez habéis oído hablar de la paradoja del asno de Burilán? Imaginad a un burro que tiene la misma necesidad de comer que de beber. Agua o heno fresco, ambas necesarias. Pero el asno, no encuentra ninguna razón que le empuje a decantarse por una u otra. En el supuesto del problema, y razonando el dilema, el animal muere de sed y de hambre por no elegir. Algo semejante nos sucede en esta sociedad hiperconectada y convulsa. Nos paralizamos por el fenómeno contrario, la infoxicación, el exceso de información y la tiranía de la elección. Abrir una plataforma para ver una serie, comprar un producto o elegir una carrera profesional nos convierte en ese asno. Tenemos cientos de opciones a un solo clic. Pero la indecisión nos agota. En un mundo con infinitas acciones, buscar la perfección es una trampa. Vivimos bombardeados de estímulos, noticias, redes sociales; por lo que no hacer nada ya es una decisión. Posicionarse en la neutralidad pasiva solo alimenta el problema. ¿A qué renunciarías al heno o al cubo de agua? Renunciar nos aterra. Anhelamos el trabajo ideal, viajar por el mundo entero, hablar idiomas, y brillar como una estrella. Pero a veces elegir la opción A y no la B nos paraliza.