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El amor iluminó los sueños

Ayer te vi en una mañana luminosa, cuando el día iba componiendo un poema de rimas diferentes, de estrofas que se agrupaban seguras en un camino que apenas había comenzado. Te vi cuando las rosas ya se habían dormido y su aroma ya no perfumaba el aire de aquel otoño nuevo. La lluvia había cesado aquel día y el sol reinaba con su potente luz, allí junto a la fuente de don Sancho, donde el camino se deja caer, deslizándose sin forma precisa, buscando el fondo donde parar las huellas. En aquel lugar, una historia empezaba a coger forma, como si en un nuevo lienzo fueran combinándose los colores que con el tiempo iría desvelando una obra maravillosa. Te vi como hace años, con tu sonrisa dulce, tu sinceridad y el corazón latiendo fuertemente con la velocidad a la que le es permitido correr sin limitarse. Te notaba nervioso y mucho más cercano, tus palabras brotaban, se deshacían entre aquel mediodía inolvidable. Todo estaba ya preparado, el pistoletazo de salida había roto el aire con su estruendo y no había ya vuelta atrás, la decisión estaba ya tomada. Pasó la tarde sin que apenas el poema hubiera continuado sus versos, un silencio agradable recorría las horas. Fue al anochecer cuando el cielo había tejido su colcha de terciopelo y las estrellas bordaban con sus destellos salpicando el negro firmamento. De nuevo los versos exhalaron su aroma, la rima volvió a despertar y dejaba sentir su lado más emotivo, más dulce y más sereno. Se deshizo el silencio, la voz volvió a calar en esa noche amable. En el ambiente se iba instalando, paso a paso, el recorrido de un camino que llegaba a la meta con la seguridad de la victoria. Te vi aquella noche diferente, en tu mirada brillaba la luz con esos matices verdes tuyos, y en tu voz hilvanabas emociones que se dejaban desvelar. Tu sonrisa sugería sensaciones que se deslizaban por el aire, mientras tus palabras calaban en mi alma como una fuente de alegres surtidores, donde sus compases entonan una nueva melodía. El reloj nos condujo hacia la madrugada, en aquel escenario de música, de luces y alegría, en la que los sonidos se pintaban de versos. Entonces fue cuando el amor iluminó los sueños.