Efecto diádico

27 abr 2026 / 08:30 H.
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Dirá usted, DonMinistroFerroviario, que a qué viene mi retahíla sobre los varios “efectos” de los que he decidido echar mano para explicar, desde mi personal parecer, qué hace que alguien, a quien no le queda otra que recorrer un trecho llamado vida, tire por una trocha y no por otra. Le respondo yo que, enterada como he sido de que es usted un tanto supersticioso y algo agorero, aunque se haga pasar por un cabal estudioso de lo oculto, he decidido darle las claves herméticas para que acabe de abarcar por qué la gente de Jaén queremos que el AVE venga por Despeñaperros, que es por donde debe de venir, por la sencilla e irrefutable razón de que Despeñaperros es como un inmenso nazar, con redoblado efecto apotropaico frente al mal fario de su baipás por Montoro.

Lo del efecto apotropaico se lo mentaba yo el pasado Domingo de Ramos como algo a tener muy en cuenta a la hora de decidir por dónde echar una trocha para no tener que cruzarse ni habérselas con esas presencias incorpóreas que impregnan y percuden algunos lugares. Quisiera yo hoy robustecer mi teoría con otro efecto: el efecto diádico, sobre el que, para que usted me tome en serio (y el personal no se piense que ando abducida por nuestras famosas santerías de Sierra Mágina), le aclaro que también es de uso corriente entre los sociólogos para definir ciertas interdependencias a tener en cuenta cuando hay que decidir. El mejor ejemplo que puedo ponerle sobre ese efecto es que usted (y su empleo) interdependen del número de papelicos con sus siglas que los de Jaén metamos en las urnas. Con eso llegamos a lo de la diada votos/asientos. O lo que es lo mismo: promesas cumplidas/papelicos en las urnas. O, dicho de otra manera, al estilo rueda de las emociones de Robert Plutchik: manera de proceder de quien promete disponiendo de lo ajeno versus respuesta de quienes esperan y otean lo que es suyo por derecho. ¿Qué...? ¿Lo pilla...? Se trata de algo tan simple como lo de la interdependencia. Claro que volviendo a lo mágico, para hacerme entender, le pondré el ejemplo de la lámpara de Aladino y el genio de la lámpara a ver si vamos avanzando en lo llamado en Mediación (que es lo mío) el “ajuste diádico”. Pongamos que el genio de la lámpara sea la voluntad del personal embutida en la estrechez de las urnas durante ese tiempo que hay entre elecciones y elecciones. Y que Aladino fuera la convocatoria de elecciones en Jaén. Y que va Aladino y trata de sacarle brillo a la lámpara a fuerza de frotar y estrujar promesas (más conocidas por PañosCalientes) sobre la superficie de las urnas.

Estaríamos todavía en el terreno de las estrategias posibilistas entre genio/preso y Aladino/frotante ¿no? Tras mucho frotar a grito pelado, el genio sale de la lámpara. O, para que me entienda, llega lo del recuento de papelillos, y, tras creerse lo que escuchó desde su celda, en agradecimiento por el magreo de los PañosCalientes que lo liberaron, ofrece conceder tres deseos. Y van los de Jaén y piden: 1º Que llegue el AVE como se tiene prometido. 2º que venga por Despeñaperros como se tiene razonado. Y 3º que sea la última vez que se desdicen de lo dicho como viene pasando. Y va Aladino y piensa que el pueblo es como el cuerpo, al que tampoco hay que darle todo lo que pida. A fin de cuentas —cavila— como falta mucho para unas nuevas elecciones, lo mejor será ponerse a interactuar con el genio desde una posición de poder (delegado) para devolverlo a las mazmorras de la lámpara, aunque para ello se tenga que valer de alguna mentirijilla que acabe convirtiendo la confianza del genio (de la gente) en neuroticismo. Y ya se sabe cómo acaban los que se sienten “neurostimizados” (con perdón): haciendo con sus anhelos un zurriago con el que vapulear a tantísimo Aladino como pulula en lo que llaman listas electorales. Por cierto, DonMinistro, permítame usted que registre como propio ese palabro que me acabo de inventar incluido su significado: “Neurostimizar”: obligar al genio de la lámpara a cambiar de chaqueta siglera.

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