Educación y socialización
Cuando aún teníamos presentes las consecuencias de la guerra de Ucrania, una nueva crisis estalla en Oriente Medio que amenaza la estabilidad global y genera grandes preocupaciones económicas y energéticas que iremos “sufriendo” con el paso de los días y con grandes dosis de incertidumbre. Esta situación generará cambios a nivel social que podremos observar en las relaciones de producción, en las relaciones de poder y en las relaciones de experiencia o vida cotidiana. Parece obvio que cada uno de estos cambios van a tener que ver con el “equipaje humano” de las nuevas generaciones y el aumento de los procesos de exclusión en una nueva sociedad que emerge como consecuencia de la desestabilización que están sufriendo sus fundamentos ante realidades nuevas y ante problemas bélicos que nunca se resuelven. En este contexto sabemos que los humanos tenemos una dimensión esencial que es la sociabilidad, como ya demostrara Aristóteles. Nacemos dentro de ciertos grupos sociales que van a ser algo así como el molde en que nos vamos a desarrollar: nacemos en una familia dada, en un barrio determinado, en una ciudad y no en otra, en un país, etc. Y es en el interior de esos grupos en los que vamos a desarrollar nuestra identidad. Probablemente somos más un producto social y cultural que natural. ¿Nos hemos parado a pensar que el nacer en un sitio o en otro es puro azar? ¿Nos podemos imaginar que hubiera ocurrido de haber nacido en otro país u otra familia? Así pues, la identidad personal, el quiénes somos, se va construyendo en la sociedad de una manera que es como una interacción o mejor, una dialéctica, entre presiones diferentes basadas en la singularidad de cada uno, su identidad personal, y las presiones del contexto/molde, las del entorno social. Al final todos alcanzamos una identidad social, fruto de esta dialéctica. Después de todo, los seres humanos nacemos como seres asociales, como decía el sociólogo y economista Max Weber, y es en el seno de la sociedad donde nos convertimos en seres sociales. Algo que se produce mediante la socialización. Asumimos, por tanto, que las relaciones entre los individuos y los vínculos que se establecen entre ellos han de ser compatibles con la libertad y la autonomía propia de cada individualidad. El papel de la educación en este proceso relacional y de construcción de una identidad propia será el de contribuir a fijar y fundamentar esas dos dimensiones aparentemente contradictorias, convirtiéndose en un instrumento para la conquista de la autonomía y de la libertad, a la vez que fomenta el establecimiento de lazos sociales para la convivencia pacífica. Ante estas posturas y exigencias no puede soslayarse la función de las instituciones educativas como agencias socializadoras en sociedades altamente complejas. A esto se debe la preocupación y la insistencia en la discusión de temas sobre ética, valores y educación pluricultural que se han generado en el campo educativo y social en los tiempos actuales. En este sentido es necesario manifestar que las instituciones educativas no deben ser vistas hoy como precondición, en sí mismas, de la construcción o cambio en las formas de participación y actitudes sociales, sino más bien son integrantes de un complejo proceso de constitución de la vida social. Es conveniente no olvidar este planteamiento para que no se reincida en expectativas desmesuradas y voluntaristas respecto a los procesos educativos, en cuanto generadores de cambios sociopolíticos. La educación debería promover estilos de vida que impliquen demandas de participación y exigencias crecientes. Una institución educativa para todos, no aislada, que refleja la vivencia amplia de sus actores, constituidos en una pluralidad de sujetos sociales, podría ser resultante de esta propuesta mediante su tarea inseparable de socialización y formación. Bajo este concepto la educación establecería las relaciones adecuadas con otros espacios de actividad, y se constituiría en elemento central para el desarrollo social. El “no a la guerra” como slogan está bien (nadie la queremos), pero debe hundir sus raíces en la educación y en la socialización.