Diógenes de Sinope vivía en una tinaja y conservaba como únicas propiedades un bastón, un zurrón y un manto. De la escuela cínica de Atenas, hizo de la pobreza su virtud no por conveniencia sino por la más pura convicción. Aunque, dadas las circunstancias, su mayor virtud fue, evidentemente, la coherencia. Se cuenta que en cierta ocasión el macedonio y conquistador de medio mundo Alejandro Magno, tuvo curiosidad por ver de manera directa como era la vida de uno de los cínicos más conocidos. Fue a visitarlo y se puso delante de Diógenes a observarlo. El sabio le espetó con autoridad para que se apartara y el Magno preguntó airado el porqué, a lo que aquel le respondió: me tapas el Sol. Es decir, me quitas la luz, el calor que nadie tiene por suyo. De manera más sutil hoy en día se escuchan expresiones que vienen a decir lo mismo: me estás haciendo sombra, quítate de mi camino, o bien: que un árbol no te impida ver el monte, que una vez traducido, quiere decir que un idiota no te impida vivir tu vida en este mundo. En unos días la Luna va a ejercer ese poder para enseñarnos que cualquier momento es bueno para que nos llegue la noche, y cualquier caída, es solo una caída para volver a la luz del día. La Luna, tinaja de poetas, nos advierte también de que no está sola y que cualquier momento es bueno para que alguien nos deje eclipsados y nos borre del mapa de nuestra vida.