Dos miradas y un tiempo

    29 oct 2022 / 16:00 H.
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    Proust (1871-1922) se reconocía ganado por un tiempo y burgués extinguiéndose a la sombra de sus “Muchachas en flor” y un transitar entre el arte y lo erótico. Centro del segundo libro de aquella colección en la que el joven narrador agoniza inmóvil con la ayuda de Gilberte “En busca del tiempo perdido” que permanecía insomne en aquella señora, abuela del escritor, tan desdeñosa con los saludos efusivos, como con aquellos virtuosos. Hablamos de un tiempo parejo al de aquellas muchachas que posaban para un prodigioso dibujante austriaco expresionista llamado Egon Schiele (1890-1918) ayudadas por el signo de Pan, no bajo Pan. El despertar de su brisa era otro. Recorrían las noches vienesas, las parisinas... transitándolas con la audacia de un andar recién estrenado, campesino y desenvuelto. Jóvenes de barrio con deseos de libertad en una Europa que vislumbraba la cercana epopeya de guerras fraticidas. Cuerpos marcados por una anatomía angulosa desarrollada en el campo, en los oficios, incluido aquel llamado el más antiguo de todos, a las que Schiele prestó más atención que Proust a sus perfumadas muchachas en flor. Al cabo, dos miradas cruzadas en un tiempo absolutamente convulso para Europa.

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