Desde luego, a la ultraderecha le ha salido la jugada perfecta con el tema de la “prioridad nacional”. Han conseguido desviar la atención y poner el foco donde querían mientras toda la izquierda entraba al trapo. Frente a la falta de recursos para la población la solución neofascista en otros países se ha expresado con consignas como la de “America first” de Donald Trump. En Francia Jean-Marie Le Pen utilizó mucho antes la misma idea, “Preference nationale “. En Alemania la ultraderecha usa el “Deutschland zuerst”. Y aquí y ahora nos cuelan la “prioridad nacional”. Y todo para tapar y desviar el foco de la falta deliberada de financiación para aquello que necesita la población. Ahí debería estar la izquierda, no solo recordando que todos tenemos los mismos derechos al repartirse lo escaso, sino preguntando por qué en nuestras sociedades cada vez más ricas lo escaso sigue siéndolo.
La ultraderecha ha hecho lo de siempre, desviar la atención y poner el foco en el sentimiento y en lo instintivo del ser humano: ¿Quién tiene más derecho a repartirse las migajas? Los que no somos idealistas y tenemos los pies en el suelo sabemos que cuando tu trabajo no te da para vivir con dignidad y te convierte en un trabajador pobre, cuando no tienes vivienda, cuando ante un problema de salud te pasas meses en una lista de espera, cuando hay falta de plazas educativas para tus hijos, entonces no piensas en la Constitución española o en categorías morales o en el derecho europeo o en si es éticamente decente o moralmente discriminatorio plantearse quién tiene más derecho. Y ahí es donde ha impuesto el relato la ultraderecha diciéndonos que no hay recursos. Relato aceptado por una izquierda que ha abanderado la respuesta con criterio moral y ha aceptado que no hay recursos para todos y que el problema está en cómo repartir esa miseria y ha defendido que todos tenemos los mismos derechos en el reparto, en vez de poner el foco en la premeditada falta de financiación de aquello que la gran mayoría de la población necesita.
No debemos aceptar el relato de los que hoy nos proponen racionar las sobras y la miseria porque son ellos mismos los que han consentido y promovido las transferencias masivas de dinero hacia arriba, los que han fomentado una presión fiscal a la baja e insuficiente sobre el capital y las rentas más altas, son ellos mismos los que han procurado la infrafinanciación de los servicios públicos para que no funcionen y así engañarnos diciéndonos que el sector privado que viene a sustituirlos es ineludible y es el salvador. Y hay que decirlo alto y claro, la falta de trabajos dignos, la falta de viviendas, de plazas educativas o sanitarias y tantas otras barbaridades son fruto de decisiones políticas deliberadas y muy concretas de los mismos que ahora nos proponen la prioridad nacional para repartir la escasez que ellos incentivan.
Lo que debemos tener claro, a pesar del discurso y del relato de la derecha ultra y la ultraderecha, es que en este rico país hay recursos de sobra, y no lo que pregonan, para que todos podamos vivir sin escasez y con dignidad. Y estas derechas no nos pueden obligar a poner a nadie por delante de nadie, porque es nuestra elección de clase y eso es lo que la izquierda debería expresar con claridad. Y esa izquierda debería señalar también con esa misma claridad que lo que escasea de verdad en nuestro país es la voluntad política de distribuir nuestra gran riqueza. Y esa izquierda no debe entrar en el falso relato de “a quién se le debe dar lo que escasea”, sino explicar cómo nos han arrebatado lo que nos pertenece y señalar a los responsables que están delante de nuestras narices. Las víctimas no necesitamos un intermediario moralmente superior para la competición por las migajas, lo que necesitamos es que se señale, se denuncie y se combata a quienes lo acumulan todo. La izquierda debe explicar los intereses de los que generan y sostienen la miseria y mostrarnos por qué la producen deliberadamente y marcar los instrumentos fiscales y políticos para revertir esta situación. ¿Dónde está esa izquierda?