Dime si un verso callado, de brillantes sinfonías se visten de blancas sombras entre tu sombra escondida. En tu tiniebla de versos late un sueño que suspira y el terciopelo deshace su textura sobre la negrura del pueblo que reposa. El autillo de aflautado canto tiende en tu espacio una lira de notas dulces y sonoras. El mochuelo asomado emitiendo su voz entre maullidos y gritos estridentes, con gris y ocre plumaje y ojos amarillos, llena tus horas de cantos penetrantes, mientras tú sigues avanzando por el camino que marcan las estrellas.
Dime, cómo es el sueño que persigues, con qué vibra tu corazón oscuro, hacia dónde se inclina tu belleza, ese temblor que se percibe cuando titilan dulce los luceros. Ayer te vi asomada al balcón donde los ensueños se abren como un cofre de dilatados ecos. Te miré mientras abriéndolo observabas cómo un fino y delgado astro recorría tu piel, el resplandor te iluminó la cara y en tu rostro se posaba tu penumbra de estratos que cubrían un mar sobre tu forma. El perfume de jazmines y madreselva, volaba desprendiendo un suave y delicado velo, como si un incensario dejara que el humo aromático se esparciera sobre ti.
Entonces entendí que tú escondías un sueño. Un sueño entre tus sombrías manos. Me fijé que cuando el alba apenas encendía ligeramente su cendal de suaves tonos y tú te disponías a cerrar tus ojos y entregarte a un sueño merecido. Y levemente te marchabas, pero yo aún no sé cuál es tu sueño, de qué color se pintan tus anhelos, qué persiguen tus pasos, con qué se arrullan los versos que te envuelven. Y tú, mirándome, nunca me dices nada. No me dejas entrar, ni por un momento, a ese espacio tuyo donde el sueño te vence, y poder acceder a ese lugar donde quedan velados tus secretos. Y allí se abren tus sueños, tus mágicos compases que se perciben lejos, porque a nadie permites que se pueda colar para saber con qué colores sueñas, y conocer aquello que brilla en tu interior.
Dime, noche, con qué sueñas... dime si en tu corazón en compases de luceros, vibra dentro una ilusión, un sonido, un lamento... Dime, noche, en esas horas donde se arrullan los sueños, sientes versos que te llevan hacia el mar de los deseos.