La regulación de los procesos electores está contemplada en la Ley Orgánica de Régimen Electoral y prevé una jornada de descanso en la campaña justo el día antes de que la ciudadanía emita su voto en la cita electoral. La jornada de reflexión tiene su origen en el contexto de la Transición en nuestro país, con la finalidad de evitar persuasiones externas que pudieran influir en los electores a la hora de depositar su papeleta. Lo importante en este día es evitar actividades de propaganda, mítines o actos de campaña en los que se pida el voto. En la realidad actual entiendo que tiene poco sentido la denominada jornada de reflexión, dado que la información sigue fluyendo a raudales en los medios informativos, en internet y en las redes sociales, que hacen imposible el silencio electoral y afectan a todo el ecosistema de comunicación política y electoral. La idea de reflexión, por tanto, se ha quedado desfasada y no creo que nadie nos encerremos a reflexionar en el día de hoy. En un contexto de polarización de la política, la mayoría de los votantes tienen decidido su voto porque como ya indicaba en un artículo anterior, los electores estamos mediatizados por la ideología, los valores y una intensa carga emocional que nos impide, en muchas ocasiones, realizar una reflexión racional después de quince días de intensa actividad propagandística. Los votantes podemos entender que la campaña que se ha llevado a cabo en estos días precedentes puede servir para averiguar las intenciones de los partidos políticos y también para sondear si esas intenciones, ya mostradas en períodos electorales anteriores, se han llevado a cabo. Podemos encontrar entonces dos tipos de votantes que pudieran reflexionar de manera diferente en el día de hoy, dado que el instrumento más poderoso de que disponemos para premiar o sancionar a una determinada formación política es el voto. Para decidir, los votantes hemos recibido la información disponible y, a partir de ella, junto con nuestras predisposiciones tomaremos una decisión. Nos encontramos con un primer tipo de votante, el que toma sus decisiones teniendo en cuenta aquello que un determinado gobierno ha realizado. Si se considera que las acciones han sido positivas normalmente renovaran su confianza al candidato. Si por el contrario cree que el gobierno no lo ha hecho de manera correcta, cambiará su voto, incluso a pesar de su ideología y carga emocional. Podríamos denominarlo como un votante retrospectivo, recapitulador de hechos pasados. Un segundo tipo de votante es aquel que no tiene en cuenta los logros o fallos detectados, sino que piensa más en las acciones futuras y en las perspectivas que están por venir. Este tipo de votante, que podríamos denominar prospectivo, tomará su decisión basándose en las promesas que presentan los candidatos de las formaciones políticas. Determinados estudios confirman que ambos modelos actúan de forma conjunta lo que demuestra que la ideología no pierde del todo su peso específico en los períodos electorales. Todo ello nos lleva a pensar que la reflexión a la que dedicamos este día de hoy el votante puede partir de dos premisas. La primera responde a la pregunta ¿Cómo es nuestra situación después de cuatro años? Si el análisis tiene una respuesta negativa se activa el votante retrospectivo que llevamos dentro y evaluar la cesta de la compra, las infraestructuras, la seguridad en nuestro barrio, la estabilidad en el empleo, el acceso a la vivienda, entre otras cuestiones, tendrá una influencia notoria en el voto. En la segunda los votantes escucharán lo que los candidatos y partidos quieren decir y, basándose en ello, mirando hacia adelante, se activará el voto prospectivo y elegirán a aquellas formaciones que más se ajusten a sus preferencias. Aun cuando ambas opciones se darán, la situación económica de nuestro país desempeñará un papel fundamental en el proceso de reflexión. Hoy todo el mundo a reflexionar. Mañana a seguir como antes. La mayoría de los políticos se aseguran seguir en el poder y nosotros seguiremos diciendo: ¿y de lo nuestro qué? ¿De nuestro Jaén qué? Bienvenida y adiós a la jornada de reflexión.