Alo largo de estos cincuenta años, la democracia ha formado parte de mi vida cotidiana y ahora me resulta extraño que esa misma gente que lleva los mismos años disfrutando de la democracia, afirme que la hará desaparecer gradualmente, ahora que conoce sus defectos, ahora que puede juzgarla convenientemente y ahora que se han perdido los miedos y recelos a cambiar el orden democrático. Es cierto que nunca he escuchado una crítica malintencionada salvo por parte de quienes quieren verla hundida y humillada. Dada la obcecación incansable de quienes intentan hurtarnos la esperanza de creer en la dimensión ética de la democracia, quizás deberíamos pensar en que esta solo se defiende preservando los fundamentos constitucionales de la misma. Menuda decepción nos llevaríamos si volviéramos atrás en el mundo de las ideas y la política que llegase al ciudadano no fuese más que miedo y odio y no actos de auténtica fraternidad con los que aplicar las reglas de la transparencia y los derechos y deberes de los ciudadanos. Da la impresión de que ahora nadie sabía nada de los abusos derivados de una codicia e ineptitud desmedidas, que prosperaban aun sabiendo lo que ocurriría más pronto que tarde, y más cuando no existía una intención clara de corregir los problemas derivados de la corrupción. La imagen de la democracia no puede quedar supeditada a un espejismo público del que nadie se pudiera fiar. A estas alturas, parece que no está claro que la educación y la salud públicas no se han respetado y eso ha agrandado la desigualdad ciudadana.
Mi deuda con la democracia afrontará lo que venga con la certeza de que habré de denunciar las brutales políticas de los gobiernos autoritarios. Para no llenarnos la conciencia de fantasmas, habría que organizarse en aspectos que nada tienen que ver con los principios democráticos, esos que nunca deberíamos abandonar, porque lo importante es la interpretación que se haga de ella una vez sobrepasados los límites que la sostienen. Y habría que confiar en solucionar sus propias dudas para seguir adelante hasta llegar al final del camino donde estará decidido nuestro destino. La memoria social está atrapada en un bucle inhumano que ahuyenta el contexto real democrático y a cambio, alienta imposturas que proyectan sombras que crecen al pairo de mentiras y bulos encerrados en el dogma de un nacionalismo universal. En todo momento y ocasión, he sido consciente del riesgo que corríamos al aplicar todo tipo de exclusiones sociales, de ahí que mantenga una postura crítica con mantener un sistema democrático sin demócratas. Espero que fracase cualquier proyecto que dilapide la trayectoria democrática y deseo que una clase política seria, evite el desmantelamiento de la cohesión social, no vayan a multiplicarse los conflictos que no dudarían en llevar a cabo millones de afectados. Con el secuestro de los derechos consolidados, no quedaría otra que denunciar a quienes, con sus engaños, agigantan el déficit democrático y luego salen indemnes de tanta falsedad e inquina vertida sobre las instituciones democráticas nacionales y de la UE. El mercado europeo ya soportó un desequilibrio presupuestario que afectó a los planes de ajuste de los fondos europeos y todo terminó por estrangular la economía europea. El descrédito político se disparó y con ello, aumentó la desafección ciudadana que pedía a voces salvar su economía doméstica. ¿Lo repetimos...?