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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Democracia

Tal parece que no hay otro asunto que tratar. Después del empate de España contra Cabo Verde, el fútbol, asunto por excelencia, ha pasado a segundo o tercer plano. No es que en los bares no se hable de otra cosa, es que ni siquiera se trata el asunto por la debida precaución de no molestar al de la mesa de al lado, vaya que sea afiliado a otra cosa que no sea la que se supone a uno mismo. Miedo es la palabra correcta para definir la situación. Miedo a que una charla amigable acabe en discusión definitiva. Miedo a no estar actuando correctamente ante lo que ocurre en nuestro país. Miedo a que los nacionalistas pasen su última y definitiva factura a cambio de tres meses más de gobierno. Las informaciones que van llegando asustan no ya por el descrédito personal de los intervinientes, sino por la ineludible decepción que vendría a caer sobre casi media España sin que esto pudiera confrontar con un regocijo en la otra media. Dicho de otra forma, se avecinan tiempos de fractura solo por razones de estrategia política personal. ¿Personal? No creo. Los actuantes están tan imbuidos de España como del mundo. Se sienten salvadores del mundo frente a otros que desean destruirlo. Esa es la gran decepción. No les preocupa España sino sacar adelante una ideología política determinada que se dice de izquierdas aún a costa de dejar de ser demócratas y llevarnos a todos a dejar de serlo.