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Debo confesar y confieso

Hoy me ha dado por sincerarme. Debo confesar y confieso que nunca voté a la derecha, lo que no significa que votara siempre a la izquierda. Eran otros tiempos y, recién salidos del franquismo, votar a la derecha no era para muchos una opción. Saludamos a una izquierda joven, atrevida, con ganas de cambiar las cosas. Pero la presión internacional fue enfriando los entusiasmos y empujándonos hacia una socialdemocracia que aún no sabíamos muy bien de qué iba. OTAN, mercado libre, menos Estado y, sobre todo, permanencia de demasiadas estructuras franquistas entre jueces, militares, Iglesia, Universidad y funcionarios. Hubo demasiado miedo al cambio. Y ahora lamentamos no haber hecho una limpieza democrática más profunda. Ahí tenemos militares retirados reclamando golpes de Estado y jueces o fiscales que parecen hooligans políticos más que árbitros moderados. Debo confesar y confieso que no luchamos entonces para regresar ahora a aquella cultura política. El mundo ya nos jugó una mala pasada al dejarnos fuera del Plan Marshall. Y vuelve a hacerlo cuando intereses exteriores e interiores pretenden condicionar nuestra democracia; véase Ceuta. ¿Podremos con unos y otros? Lo intentaremos. España se lo merece.