De la felicidad

    21 jun 2019 / 11:24 H.

    Puede parecer que tiene su guasa hablar ahora de la felicidad. En los momentos en los que estamos, con tanto lío político de pactos, de hipérboles lingüísticas, de líneas rojas, verdes y amarillas, de teatrillo y de escenificaciones tremebundas, el mundillo político anda muy revuelto dejándonos perplejos al contemplar la cara que tienen cuando dicen una cosa y, en seguida, su contraria, sin el mayor rubor. Un espectáculo bochornoso, carente de elegancia y de ética. A pesar de eso, nosotros andamos impertérritos peleando en la búsqueda de nuestra felicidad, que es lo que al final merece la pena. Camino del verano, el acogernos a la calidez de nuestras noches y a la abundancia de nuestros bares y chiringuitos, es un plus que suma en el haber de los momentos felices. Porque, no nos engañemos, la felicidad es un sumatorio de pequeños momentos agradables a los que se restan los que no lo son tanto. Depende del resultado final, que sea negativo o positivo, para proclamarnos felices o no. El trabajo precario, el paro, la enfermedad y el tener que soportar a nuestros políticos tan mediocres restan mucho. Pero a todo nos acostumbramos y, pese a ello, seguimos intentando que la suma salga positiva, a saber, seguimos luchando para intentar ser felices.