Mes de mayo, fiesta de las Flores, en las aldeas de Alcalá la Real. La Virgen de Fátima preside muchas de ellas, bulle la alegría y las autoridades se dignan a visitarlas, ojalá fuera más a menudo. En lugares como Las Peñas de Majalcorón aún permanece en pie esos grandes pilares humanos que sostienen la memoria y el alma de la aldea. La tía Antonia, que con casi 90 años jamás ha querido vivir en otro sitio que no fuera al pie del Tajo que vigila silencioso la aldea. Ella apenas pudo ir a la escuela, pero posee una sabiduría que no se aprende en los libros: la que nace de la vida, del sacrificio, de la humildad y del cariño sincero hacia los demás teniendo siempre una palabra amable, una sonrisa tranquila y el don de no juzgar nunca a nadie. No entiende de Whatsapp ni de Internet, pero tampoco lo necesita. Porque mientras el mundo vive pendiente de una pantalla, ella sigue conectada a lo verdaderamente importante: a la vida, a uno mismo, a las personas, a las conversaciones mirándose a los ojos y al calor humano que ningún móvil podrá sustituir jamás.