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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Cuentos Chinos Alcalaínos XXXIX

Nos llamaron la generación de hierro. Muchos ni siquiera pudimos ir a la escuela porque el hambre tenía más prisa que los libros. Recogimos, sin maquinaria, cosechas, formamos sin ayudas sociales, familias y contribuimos a construir una sociedad de bienestar con nuestras manos agrietadas, bienestar que ahora se nos niega. Como tantos otros, pude haber emigrado a Alemania, a Suiza, a Cataluña o a Bilbao. Pero elegí quedarme. Elegí mi tierra. Elegí Alcalá la Real. Aquí nací. Aquí trabajé. Aquí formé una familia. Y aquí quiero terminar mis días. No pido privilegios. No pido favores. No pido nada que no merezca cualquier persona sino poder vivir los últimos años con dignidad y que mi familia no tenga que soportar sola una carga imposible. Sólo pido que el pueblo que me vio nacer, no me obligue a marcharme de mayor. Y cuando llegue el momento, que llegará como llega a todos, y más aún, en cuidados paliativos, me vea morir con la misma dignidad con la que viví. Porque todos somos iguales. Y porque una sociedad se mide, no por cómo trata a los fuertes, sino por cómo cuida a quienes ya no pueden levantarse solos. Plaza en la residencia para todos los alcalaínos, antes de que sea demasiado tarde.