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CAMBIAMOS DE PIEL, NO DE ESENCIA

Cuentos chinos alcalaínos XL

María soñaba con estudiar, viajar y escribir libros. Pero tuvo que dejar la escuela para ayudar en casa. Nadie le preguntó qué quería ser. En aquellos años, muchas mujeres aprendieron a guardar sus sueños en silencio. Paseando con su nieta por las calles de Alcalá, María pensó que su ciudad era especial porque cada vez más personas entendían que la igualdad no es un regalo, sino una responsabilidad compartida. —Abuela, ¿te da pena no haber podido elegir? María sonrió. —Un poco. Pero me alegra verte elegir a ti. Marta, su nieta, comprendió que los jóvenes tenían una deuda pendiente con quienes les precedieron: con aquellas mujeres que no pudieron decidir o soñar en libertad, y con quienes lucharon para que hoy cada niño en Alcalá la Real puedan ser lo que quieran ser. Y decidió que la mejor forma de pagarla era sencilla: no olvidar jamás de dónde vienes. La buena gente de esta tierra ha aprendido que nadie avanza solo y que la igualdad se construye cada día, con pequeños gestos de respeto y de cariño. Quizá por eso Alcalá es mucho más que una ciudad; es un lugar donde las raíces enseñan a valorar y nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos, por muy lejos que podamos llegar.