Septiembre tiene una forma muy particular de recordarnos que el verano se ha terminado. Vuelven los despertadores, los horarios, los colegios, las prisas y esa sensación de que el tiempo otra vez corre demasiado deprisa. Después de semanas de vacaciones, recuperar las obligaciones puede hacerse cuesta arriba. No es extraño sentir pereza, cansancio, irritabilidad o cierta tristeza ante la idea de volver al trabajo; es lo que popularmente conocemos como síndrome posvacacional. Pero ¿y los niños? Ellos tampoco se libran. Después de semanas acostándose tarde, levantándose cuando el cuerpo manda y disfrutando de días sin horarios, de repente suena el despertador y alguien pronuncia esas cuatro palabras capaces de acabar con cualquier sueño: “¡Venga, que llegamos tarde!”. El síndrome posvacacional infantil puede traer cansancio, mal humor, sueño, falta de concentración o incluso dolores de barriga. No suele ser nada grave, simplemente necesitan volver a coger el ritmo. Y aquí los mayores tenemos trabajo. Recuperar poco a poco los horarios, preparar con ellos la vuelta y, sobre todo, recordarles que el colegio también tiene cosas buenas: amigos, juegos y reencuentros. La mejor manera de volver a la rutina es hacerlo sin prisas... aunque el despertador se empeñe en lo contrario.