Cuando te vi

    10 ago 2022 / 16:00 H.
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    La tarde ligeramente subía por los tejados, sus rosas y amarillos se dejaban caer sobre las rojas tejas, escalaba despacio, sin detenerse, había trepado por los balcones hasta llegar a lo más alto. El cielo iba perdiendo luz, las aves buscaban el lugar donde pasar la noche. Los árboles brindaban las ramas que calladas ofrecían seguro baluarte.

    Y el sol se derretía allí en el horizonte, dejando una estela naranja y amarilla que fugaz se alejaba. Yo estaba en lo más alto del camino, me cobijaba un paisaje de pinos, de romero, de jara, de lavanda. Sentía el atardecer dormirse frente a mí, percibía su susurro, mientras el lugar se encendía de silencio. La naturaleza quedaba extasiada ante la tarde rosa. El viento no había sido invitado y ninguna hoja bailaba su compás de verde melodía. La luz se me moría delante de los ojos, en un instante todo cambió su alegre colorido. Las sombras de los pinos se alargaron, se quedaron ocultas las jaras entre las verdes hojas, el romero perdió su forma desapareciendo cuando la última luz besaba el horizonte. Mas no el dulce aliento de su grato perfume, que derramándose llegaba hasta mí como un bello regalo.

    Así es como te vi, te vi llegando con tus tules de estrellas, con tu sombra callada, te vi cuando cruzabas la arboleda, cuando sin huellas hollabas el lugar que se rendía a la faz negra y oscura que tiene tu mirada. Cuando te vi, también vi la mirada de tus ojos oscuros, mas no sentí el aciago color con el que te pintas cada día. Me encontré con tu alma enamorada, con la sombra que habita en tu silencio. Con tus manos de esos luceros que brillan en tu espalda.

    Cuando te vi, sentí un canto de sirenas, una canción callada, un vuelo de luciérnagas que pintan tu semblante. Cuando te vi, sentí tu terciopelo envolviendo mi nombre, arrullando mi cara, sentí un jazmín volar hasta mi alma dejando y declamando su perfume. Cuando te vi, sentí una paz y una calma indescriptibles, y me dejé llevar por ese leve tul donde sueñan las olas. El camino calló de luces, de palabras y de huellas, mas ella me entregó las llaves de su casa, y me quedé a sus pies, en el alto camino dejando que el momento me arrullara, y fue cuando una estrella se despertó en mi cara.

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