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Cuando las malas artes...

Cuando permitimos que las malas artes desvirtúen las buenas; cuando la justicia deja caer la venda de sus ojos y no siente pavor al ver el panorama; cuando el árbitro no pita en un partido falta o penalti, porque no quiere; cuando en Bilbao el termómetro supera los 40 grados y el Guggenheim anhela soltar amarras porque no es el Sur; cuando la tierra tiembla, destruye y se sigue edificando en la misma falla una vez más; cuando te venden la moto y luego descubres que es un triciclo; cuando vas a comprar solo pan y regresas con diez cosas más porque te han comido la tostada; cuando te vas a dormir en tu cama, y despiertas en el infierno; cuando el monte es incendiado por pirómanos que quedan impunes una y otra vez; cuando decir un improperio en cualquier lugar se convierte en costumbre y el insulto se afianza; cuando la enfermera que te tiene que pinchar con una aguja está distraída con el musculado conductor de la ambulancia; cuando pides un pincho de tortilla española y te enteras que las patatas son francesas; cuando dicen que bajar de un barco es desembarcar y bajar de un coche no es “descochar”... ¿Y qué sucede cuando eres consciente de que hay demasiada gente que se cree mierda y no llega a pedo?