La cosa está que arde, y es innegable que estamos experimentando, un verano más, un clima de confrontación que genera problemas candentes. No hay más que salir a la calle para comprobarlo. Y unos dicen que la culpa es del gobierno, que todo esto no es más que otra muestra del nivel insoportable de agobio político que está propiciando un bochorno ilimitado. Sin embargo fuentes del ejecutivo alegan que la herencia recibida, desde muy atrás en el tiempo, ha propiciado esta situación que se ve agravado con el discurso incendiario de la oposición.
El caso es que los tórridos días veraniegos se han instalado en todo el país, sin atender protocolos de pasaportes y papeles de residencia, y amenazan con su incómoda presencia la estabilidad laboral e incluso la seguridad de las ciudadanas y de los ciudadanos de España. Son muchos los puestos de trabajo que se hayan desatendidos durante los meses estivales debido a la violenta irrupción de estas tórridas hornadas. De hecho los partidos de corte nacionalista se han quejado de que la prioridad nacional debe operar en tales situaciones y que habría que expulsar los elevados termómetros más allá de nuestras fronteras. Y es que las agresivas temperaturas que amenazan la seguridad de la población han llegado a provocar que mucha gente se tenga que recluir en sus hogares, a causa de la inseguridad térmica. Es habitual ver las calles vacías en las horas críticas por temor a los traicioneros golpes del calor y sus secuaces.
Y en las redes sociales, influencers de uno y otro signo se hacen eco de la crisis térmica y alertan de las posibles funestas consecuencias de la situación, que ha llegado a provocar el éxodo masivo de grandes cantidades de personas que, desde el interior de la Península Ibérica, se han refugiado en hoteles y viviendas vacacionales al haber sido expulsados por la permisividad de las distintas administraciones que con su inacción han posibilitado que las altas temperaturas penetren ilegalmente en los domicilios de los sufridos ciudadanos.
Y hay quien asevera que todo esto no es más que una cortina de humo para tratar de solapar los escándalos protagonizados por diversas figuras públicas cercanas al ejecutivo, y que se persigue, en realidad, con las elevadas temperaturas, que nos olvidemos de las verdaderas problemáticas que afectan a nuestra sociedad. Y por supuesto tampoco faltan los negacionistas del verano, que aseguran que las bruscas alteraciones térmicas obedecen a una conspiración de las empresas de aires acondicionados y de los grandes holdings vacacionales y que en realidad el agobio estival no es más que un enorme montaje artificial que no se corresponde con la realidad climática de nuestro territorio.
En fin, el caso es que resulta bastante bochornosa la convivencia en este país durante la invasión veraniega. Menos mal que ya mismo se nos marcharán los días tórridos iniciando su lento camino hacia el sur, volveremos a la normalidad laboral y se suavizarán los conflictos térmicos. Y recibiremos, a continuación, la visita de los añorados días otoñales. Lástima que la progresiva disminución de la luz diurna, los vientos, las nubosidades y la súbita caída de las hojas, provocarán justificadas quejas de nuestros sufridos conciudadanos que generarán, sin duda, unas más que acuciantes controversias.