Estamos programados para sobrevivir en grupo. El clan nos aportaba una cosmovisión, unas creencias, de cuya estabilidad dependía la supervivencia de todos. El disidente era expulsado y moría. El psicólogo León Festinger estudió cómo reaccionamos ante el desacuerdo con los demás y descubrió que percibimos las opiniones contrarias como un intenso ataque físico e intentamos evitarlas a toda costa; así que no las aceptamos. Llamó a este fenómeno “disonancia cognitiva”. Los humanos ansiamos mantener nuestras ideas y para reducir la amenaza de una opinión distinta, seguimos cuatro estrategias básicas. Veámoslas con ejemplos: - Negamos lo que nos dicen (fumar no mata). - Buscamos ideas que reducen su intensidad (yo hago deporte). - Trivializamos (de algo hay que morir). - Destacamos algún aspecto positivo (fumar me relaja). La presión social es muy fuerte. Nos sentimos observados, juzgados... y, para ser aceptados, mantenemos nuestras convicciones, aunque estén equivocadas, contra viento y marea. ¿Está condenada la humanidad al desacuerdo y al enfrentamiento?