Con todo por perder

22 jun 2019 / 12:15 H.

En las últimas cuatro décadas se ha perdido más de una cuarta parte de la masa de los glaciares de la cordillera más alta del planeta. A casi medio metro de hielo por año, el Himalaya se derrite mientras cientos de turistas hacen cola para retratarse en su pico. Hasta las poblaciones siberianas que lindan con el Círculo Polar Ártico bajan los osos polares a hurgar en los basureros en busca de comida. El mismo deshielo que los ha desahuciado de su hábitat está despertando, no muy lejos de allí, el permafrost que durante milenios ha permanecido congelado en el suelo, dejando así al descubierto restos casi intactos de seres prehistóricos, además de metano, CO2, bacterias y demás sorpresas por conocer, liberadas en cada centímetro de permafrost que pierde su frío. La semana pasada la mitad de la capa de hielo de Groenlandia se derritió. Un trineo tirado por perros con el agua hasta el cuello es la instantánea de aquel lugar antes helado. Consecuencia del ingenio humano, el calentamiento global descongela, cuece, dora, asa, quema el cielo que nos rodea y, como un microondas, lleva el calor a donde nunca estuvo.