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Con “J” de Jergas y Jitanjáforas

Como sé que usted, DonVuecencia, tras tantos meses de cartearnos, me va tomando algo de apego, a pesar de mi contumacia con lo del AVE a Jaén y, además, por Despeñaperros, como debe ser por haberlo sido de toda la vida de Dios, le contaré algo que, a lo mejor, siendo como me pienso yo que es, le mete a usted en el cuerpo un dolor de corazón en condiciones. O lo que es más perentorio: un propósito de enmienda acorde con lo que se le pedía el pasado día 5 en la estación de Linares-Baeza, cuando fuimos a dar el último adiós al desahuciado Intercity Madrid/Almería que tan buen servicio nos dio. Lo que allí se vino a decir es que menos jitanjáfora y más cumplir con lo que ya está de sobra estudiado, publicado y aprobado en el BOE como le decía yo hace un mes.

Visto el incumplimiento, el año pasado, más o menos por estas fechas, me puse yo a cavilar en los achaques que sitian cada vez más este cuerpo que se me apoltrona y ya no da más de sí. Lo primero, a falta de trenes, serían tener que aguantar a pie quieto en Madrid porque las manos se me agarrotan sobre el volante del coche, impidiendo mis visitas a ese Jaén del alma mía sin la cual pudiera quedarme desalmada, —con “l” que es como quedarse sin alma— y desemboca en fenecer por falta de alientos.

Entre usted y yo, DonVuecencia, sin Jaén, yo fenezco, por mucho Madrid que inhale.

Usted sabe bien que sin oxígeno la palmamos. Pero meta usted a un gorrión en un bote de oxígeno puro y verá que también la palma. Pues eso: que lo poco agrada y lo mucho cansa, que es lo que me pasa a mí después de toda una vida viviendo en Madrid como una nómada. Que, o me alargo a Jaén a respirar una chispa de abandonos de los que Madrid no tiene quejas, o la palmo de pura saturación de todiquitico lo que se pueda apetecer y Jaén no tiene. Hasta ahora, una va manejándose con el coche. Pero los años empiezan a echarme cuentas, y yo comienzo a echarle cuentas a mi limitaciones, y el saldo me sale a devolver: tengo que devolverle a Jaén todo lo que soy y no hubiera sido de no nacer donde nací con una “J” taraceada en la frente de tal manera que hasta la tomé para apodar a mi propia Jándula, el pueblo imaginario con “J” de Jódar donde, por 2016, coloqué a las criaturas de mi novela <VIRGO POTENS>. Allí se alojó mi infancia colmada de trenes, y con una “J” más, dispuesta a preceder a la “A” de Andalucía hasta convertirla en mi “Jandalucía”, embalaje de una Jaén tan sistemáticamente privada de trenes que su “J” suena a jerga de jitanjáfora.

¿Ve todo lo que puede dar de sí una simple “J”? Yo sí. Porque cada vez estoy más “fastidiada” con “J”. Y “Jostigada” por achaques tan sibilinos que, con solo pensar en coger el coche para ir de Madrid a Jaén y viceversa, se me abren las carnes.

¿Ve? Mi disyuntiva es feroz: O quedarme en Madrid a esperar que alguien con su poder haga el milagro de comunicar Jaén con el resto del mundo, —como lo está, un poner, su Valladolid—, o me venía a mi “Jandalucía”, y, en concreto, a mi Jaén, desgarrándome de esa ciudad que me ha prohijado “como se desgarra la uña de la carne”. En fin, para sentirme como DoñaJimena (también con “J”) cuando tuvo que arrancarse de su DonCid: ...El Çid a doña Ximena / ívala abraçar / doña Ximena al Çid / la manol’ va besar / llorando de los sus ojos / que non sabe qué se far. /...Llorando de los ojos, que non vidiestes atal / assís parten unos d’otros / commo la uña de la carne... (versos 366/375. Cantar de Mio Cid).

Duele con solo pensarlo ¿eh?

Y aquí estoy por decisión propia. Ahora vivo en la única casa que hay entre dos plazas a las que yo ya les he puesto nombre “jotense”: la de Los MaJnolios y la de Las ToronJas, ambas con J; separadas o juntas —según se ojee— por un callejón que se jacta de ocho palmeras cuyas copas más altas superan mi terraza; salvo la más chica, la de la derecha mirando a la Plaza de las Toronjas, que yo llamo Salomoncica por la enjundia que demuestra en tan corto jaez, sin precisar rimbombancias.

Ajetreada entre jergas y jitanjáforas.