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HACEMOS GLOBAL LO LOCAL

Como la vida misma

Arde la calle al son de las cigarras que anuncian un verano muy extenso y muy caliente. Se activa la alarma roja y amarilla en la península, Ceuta, Melilla y Las Canarias. Está a punto de empezar la finalísima del Mundial, la temida ola de calor nos importa un pito y la insoportable sensación térmica es ahora mismo, un pulso en todo el territorio que en sintonía grita al unísono como si de un solo hogar se tratara: “España” “España”. Qué poderío tiene el fútbol que por unas horas a todos nos hace iguales y nos une al fin por un objetivo común, traerse la copa aquí. No sé cómo acabará el partido, pero de lo que estoy seguro es que cuando la fiesta termine cada cual volverá a su sitio y a lo suyo. Con la resaca a cuestas, y el bien y el mal despierto en su mollera, volverán de nuevo a sus tarimas, púlpitos y sillones los oscuros golondrinos a sacarle punta a sus espadas y enarbolar banderas de anulación, destrucción y miedo. Retornará pues su mierda a nuestras vidas y en solo unos minutos los mensajes de odio y las mentiras serán otra vez el pan nuestro de cada día. Porque esta mala gente odia a la democracia, y como dijo Aristóteles “el odio es incurable”.