Está demostrado que el cambio climático afecta al olivar. Temperaturas más altas, escasez de lluvia y menor cantidad de horas de frío en invierno son factores que provocan estrés hídrico y térmico en el árbol, reduce la floración, frena el proceso del fruto y altera la producción de aceite. También favorece la aparición de plagas. El aumento de temperaturas está haciendo que las aceitunas maduren antes de lo habitual, la recogida óptima se adelanta varias semanas y comienza cuando todavía hace mucho calor en el campo —temperaturas diurnas de 30 grados—. El calor afecta negativamente a la calidad del aceite si durante la recogida y cuando se transportan en grandes remolques las aceitunas llegan demasiado calientes. La temperatura ideal de batido de la pasta de aceituna está entre los 25 y 30 grados centígrados. El cambio climático está obligando a los agricultores y cooperativas a adaptar sus métodos de trabajo. Controlar la temperatura de las aceitunas desde la recolección hasta la elaboración del aceite se ha convertido en un factor clave para mantener la calidad del producto y seguir obteniendo buenos aceites de oliva.